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Andrés Neumann: “En Buenos Aires no hay filtro entre el artista y el deseo | Entrevista por Adriana Barenstein


22/08/2025

Radicado en Buenos Aires desde hace tres años, Andrés Neumann repasa su trayectoria junto a figuras como Pina Bausch, Peter Brook e Ingmar Bergman, y comparte su mirada sobre el teatro independiente, los riesgos del arte y el futuro de la escena local.

Por Adriana Barenstein
@barenstein

Andrés Neumann ha sido un gran conocedor y hacedor en la historia reciente de las artes escénicas. Nacido en Bolivia, criado en Uruguay e instalado durante cinco décadas en Europa, construyó una trayectoria como curador, productor y gestor cultural en diálogo con algunos de los creadores más influyentes del siglo XX: Pina Bausch, Peter Brook, Robert Wilson, Ingmar Bergman, Tadeusz Kantor. Hijo de inmigrantes europeos que escaparon del Holocasto hacia Latinoamérica, su biografía está marcada por el tránsito entre lenguajes y geografías, un recorrido que lo convirtió en un testigo privilegiado de la escena internacional.

Desde hace tres años vive en Buenos Aires, ciudad que observa con una mirada entrenada y, sin embargo, se sorprende ante la vitalidad de un teatro independiente que desafía la lógica del mercado. Neumann, que hoy acompaña a artistas en procesos de mentoría y se declara un espectador fervoroso, conversa con la coreógrafa y curadora Adriana Barenstein sobre los riesgos, tensiones y posibilidades del arte en el presente.

Andrés Neumann y Adriana Barenstein junto al equipo de Replicantes Revista.

–¿Cómo ves la situación escénica en Buenos Aires?

–Yo me mudé a Buenos Aires hace dos o tres años y estoy descubriendo todo. Aquí hay un terreno de creatividad general muy atractivo. Lo que pasa en Europa o en otros lugares es que hay un ambiente menos generoso desde el punto de vista de la creatividad y de tomar riesgos.

–¿Y qué sería tomar riesgos?

–Es estar en contacto con el deseo. Estar en contacto con el deseo es la primera obligación de un artista. Si vos querés hacer algo lo vas a empezar a hacer o vas a buscar la manera. A veces es más importante que el dinero. En Europa si no hay dinero no haces nada. Pero acá se decide hacer aunque no haya dinero. No hay filtro entre el artista y el deseo. Y eso crea condiciones más favorables para que las cosas sucedan. El arte de excelencia es genial, pero sólo así el terreno no se nutre.

–Dicho así es una mirada en perspectiva porque tú trabajaste con grandes.

–Tuve la suerte de trabajar con grandísimos artistas de nuestro tiempo como Peter Brook, Pina Bausch, Ingmar Bergman. Son nombres que me dan escalofríos. Eso estaba genial y es como la garantía de calidad. Existe la Capilla Sixtina y existe la Mona Lisa, pero nuestra vida no puede irse en admirar esas obras de calidad indiscutida. Pero para alimentarnos todos los días tenemos que comer algo todos los días. No podemos comer todos los días sushi. Y ese ambiente creativo significa tomar riesgos, es también equivocarse. Es también hacer cosas menores. 

Acá en Buenos Aires hay cantidad y también una cierta manera de crear. Los artistas escriben, actúan y dirigen. Hay una creatividad polifacética.

–¿Pero cuál es la perspectiva que te deja a vos como curador o espectador un Tadeusz Kantor, por ejemplo?

–Me pasa que amigos o gente joven me pregunta cómo es que me puede gustar una obra si yo vi las creaciones de los grandes. Pero eso no funciona así. A mí lo que me interesa es lo que está pasando ahora. En los museos de Europa y de Buenos Aires hay obras de grandísimos artistas, pero eso no quita que la pases bien con algo que está pasando ahora. El valor que tiene el momento presente, como enseñan los budistas, es muy grande.

Andrés Neumann en Europa (Archivo personal de AN)

–Claro, pero era mirada generosa te lo da también todo lo que viste.

–Peter Brook una vez me dijo que lo interesante no es si te gusta o no te gusta una obra, sino que la pregunta correcta es si fue útil, inutil o dañino. Y ese me parece un criterio importante.

–¿Y qué sería dañino?

–Muchas cosas. En eso Pina Bausch era muy clara también. Cuando eran épocas políticamente peores, ella hacía espectáculos de esperanza, de colores, de vida. Y cuando eran épocas más tranquilas ella hacía unos espectaculos muy oscuros, muy negros y difíciles.

–Viviste cincuenta años en Europa y con todo lo que está pasando acá decidiste volver.

–No es extraño. Yo cuando estaba en Montevideo, donde viví hasta los 30 años, mi sueño era lo que pasaba en Buenos Aires, en el Di Tella. Yo me formé en Uruguay con lo que pasa en la otra orilla. Vivir acá en Buenos Aires es como el sueño del pibe. Cuando estaba en Europa yo volvía todos los años. Mis mejores amigos siempre fueron argentinos, etcétera. Ahora es como volver a los orígenes Lo que sí encuentro curioso de acá es que está muy dividido el teatro de otras artes. La gente de teatro se interesa poco en la danza, por ejemplo. Pero la gente de artes del movimiento, de danza va más al teatro.

–Sí, o con otras artes como las visuales. Como Kantor que era artísta visual.

–Sí, o como Bob Wilson. 

–Decime por favor algo de Bob Wilson (risas)

–Fue un gran revolucionario de la escena. Yo lo conocí en el Festival de Nancy y después trabajamos juntos. En ese tiempo él trabajaba con chicos disléxicos y con problemas del lenguaje. Wilson trajo a las artes escénicas nuevas formas de integrar el tiempo, la música y la danza. Einstein on the Beach es una obra total.

Pero lo que quiero decir es que el arte tiene que ser siempre inquietante. Tiene que ser algo que te despierte. Yo creo que siempre es preferible que el arte pueda tener el lugar de lo disruptivo y no que esté en un lugar donde todo está en movimiento. Porque si lo de afuera es disruptivo entonces qué queda por hacer. Si es carnaval todo el año entonces qué sentido tiene el carnaval.

–El conflicto existe en teatro y en el arte, pero si el contexto es sumamente contradictorio eso confunde.

–Sí. No hay teatro sin conflicto. Pero lo bueno del conflicto del teatro es que termina la obra y eso no tiene consecuencias.. Está el conflicto que crean los actores y de quienes hacen el espectáculo. En la obra pudieron haber matado, pudieron haber engañado, pero ese conflicto no tuvo consecuencias para tu vida. Alguien podría decir que esa experiencia también se puede tener viendo Netflix, pero no es lo mismo tener sexo virtual que sexo real.

En el teatro cuando eres espectador, por estar en el tiempo presente, puedes participar de un conflicto sin recibir daño y sin hacer daño.

Algunos posters de los espectáculos producidos y gestionados por Andrés Naumann / (archivo disponible en www.andresneumann.com)

–¿Y qué lugar tienen los cuerpos y la sensorialidad en una sociedad tecnologizada?

–Eso lo respondió muy bien Kartun en una entrevista. Kartun dice que estar desconectado con la atención puesta sobre eso que está pasando en el teatro en esta época es un milagro. 

–Igualmente tú eres un espectador que está filmando con el teléfono en el teatro.

–Con eso me pasan dos cosas. O me lo agradecen o me piden que saque de redes sociales lo que filmo. Hay dos teorías. Hay gente que dice que no hay que mostrar nada en favor del misterio, y después hay teoría que dice que hay que mostrar lo más posible para que se difunda y la gente lo quiera ver. Pero si uno está en el mundo del espectáculo uno no puede ser ingenuo. En general si los artistas piden no grabar la función yo lo respeto.

Pero las redes son un escenario. A mí me extraña mucho lo mal que los teatreros usan las redes. La gente del espectáculo es quien mejor debería usar las redes. Hay gente que dice que lo que pasa en las redes no es real. Pero lo que pasa en el cine tampoco es real, entonces no se entiende. Muchas de las mentorías que hago son para ver el funcionamiento de las redes.

–¿Y para dónde crees que vamos en el arte?

–Habría que empezar diciendo que Argentina es el único lugar en el mundo dónde existe una Universidad Nacional de las Artes. Eso no existe ni en Europa ni en ningún otro país. Allá hay escuelas, centros de formación, pero no una universidad. Si a un chico que salió de la secundaría le preguntan qué va a hacer y dice que va a hacer una carrera en la universidad, uno va a decir que bueno. Pero si el chico responde que va a ir a una academia, le van a preguntar de qué va a vivir. Eso es muy importante. Y luego, la existencia del teatro independiente argentino o uruguayo es muy interesante. Es una mesa con tres patas: teatro comercial, teatro oficial y teatro independiente. Y eso es muy sano. En Italia por ejemplo el teatro comercial no existe. Pero acá el teatro en calle Corrientes está muy vivo. Todo eso me parece que es muy bueno para el futuro. En otros lados el teatro es visto como algo de museo. Acá no, acá es visto como una cosa importante de la sociedad. Eso también tiene que ver con la presencia de la terapia. En ningún país del mundo la gente se interroga tanto sobre sí mismo como en Argentina. Y eso tiene que ver con el teatro. Yo siempre hablo de las tres tés de Buenos Aires: terapia, tango y teatro. Es una fórmula ganadora.

Puedes ver la entrevista completa en nuestro canal de Youtube:

Puedes saber más de Andrés neumann en www.andresneumann.com



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