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Crónica | Al filo | De Natalia Schapiro


Por Natalia Schapiro
@natalia.schapiro

Esta crónica se realizó en el marco del Taller de Crónica de la Licenciatura de Artes de la Escritura de la Universidad Nacional de las Artes.

¡Es un peruano de mieerda! gritó mi tía. ¡Acá no entra! Y se fue a trabajar. 

No me dejan  traer a Juan a casa. A nadie. Acá siempre están mis abuelos. Me siento sola. 

Juan empezó a laburar en el supermercado Coto. No quiero tener relaciones con él. Lo hago para que no me deje. Para no estar sola. La otra vez se le escapó un poco adentro. Igual por ser adicto los espermas no le funcionan bien, leí en la web. No puedo tomar más pastillas del día después. Las tomé demasiado. Si estoy embarazada me mato.  

¡Sos una puta igual que tu mamá! dicen mis abuelos cuando voy a lo de Juan.  Ellos adoptaron a mi mamá cuando tenía 13. La sacaron del orfanato para que los cuidara de grandes. Porque con mi tía ya se llevaban mal. A los 16 mi mamá quedó embarazada de mí y la echaron. Vivíamos en una piecita enfrente de lo de mis abuelos, al lado de la villa de Flores. Ellos se la alquilaron mientras era menor. 

Mi mamá se juntó y tuvo a mis hermanitos. Nos mudamos a una pieza por Lanús. La puerta tenía una cortina amarilla sucia y desteñida. Dormíamos cinco en dos camas. También había un ropero  y la heladera. El ruido del motor era insoportable. 

Mi mamá y el marido se peleaban feo. Él desaparecía. De repente volvía. Y así. 

Yo dormía con un cuchillo debajo del colchón. Mi mamá traía un hombre distinto cada noche. No sé si agarraba el cuchillo para matarlo o cortarme.

Mi mamá nos dejaba encerrados y se iba. Yo lloraba y abría la ventana. A la noche le pegaba a la pared, al ropero, gritaba mientras ellos dormían. Una vez no pude respirar. Tenía cerrada la garganta, me quedé acostada, en silencio. Ahí se despertaron. Mi padrastro me hizo un puff y se me pasó todo.

Una vecina me pasaba comida por la ventana y yo les daba a mis hermanitos. Mi mamá se enojó mucho cuando se enteró. Mi vecina me ayudó a escapar, me fui a un hogar de menores. De ahí me buscaron mis abuelos. 

Cuando cumplas 18 casate, me machaca mi abuela mientras mira el noticiero. La calle es peligrosa: te pueden robar, secuestrar ¡tantas cosas pasan!

El domingo mi tía estuvo trabajando de noche. Mi abuela fue a comprar. Mi abuelo miraba el partido. Aproveché para juntar. Me metí abajo de la cama, del lado de mi abuela. La panza se me llenó de pelusas. Estiré los brazos para llegar atrás de todo y ahí manoteé una. Le sacudí el polvo y la guardé en el bolsillo como una joya. Después corrí la mesa de luz, ahí siempre hay una banda. Lexotanil melatonina rivotril. A mi abuela se le caen cuando las saca del blíster a la noche. No ve un carajo. Cuando me siento mal empiezo a juntar pastillas, para cuando estoy peor.

Después me encerré en mi pieza y le envié mensajes Juan y a mis amigas. Hola  ¿en qué andas? Y la carita guiñando el ojo y sacando la lengua. Nadie me contestaba. Juan me clavó el visto. Holaaaa… le puse. Ese ni lo abrió. Al rato seguían las dos rayitas grises, indiferentes. Me fijé su última conexión: 15.37. Mi mensaje era anterior. Entró y no lo abrió. Eso es peor que el visto celeste. 

Me metí con un cuchillo tramontina en el baño. Juan no me contestó. Seguro estaba con esa chica de rulos que trabaja con él en Coto.    

Me hice un tajo en la muñeca con la forma del no visto. Sentí ardor.  No quiero estar sola con mi abuelo. Me da asco. Me corté más abajo.  Salió un chorro de sangre y me sequé con papel higiénico para no manchar la toalla blanca. Tenía bronca por Juan. Y también por lo de mi abuelo. Estaba jugando, había dicho mi abuela cuando me animé a contarle. 

Ya voy a hablar con él, había prometido mi tía. Pero nunca habló. Y cuando le pregunté se puso loca. ¡No jodas más con eso que puede ir a la cárcel! me gritó esa vez. Me dio bronca acordarme. Me hice otro corte.  Pensé que se me iba a pasar. Que me iba a calmar como las pastillas. Pero no. 

Mis amigos de la escuela se cortaban como pacto de amistad. Sangre con sangre era una promesa, un juramento por siempre. A mí me daba cosa. Pero una vez tuvimos hora libre porque no fue la de inglés. Y los pibes se pusieron a hacer kilombo. Un lápiz afilado a toda velocidad me dio justo al lado del ojo. Me fui corriendo a hablar con la directora.  

Si acá vienen todos los de la villa ¿que querés que haga yo? Si fuera Mandrake no trabajaría en esta escuela. Después entró la secretaria y se pusieron a hablar entre ellas de dietas como si yo no existiera. 

En el recreo desarmé el sacapuntas y me corté la muñeca en el baño.  

Ahora siempre miro videos de youtube de los que se cortan. La mayoría te quieren convencer de que no lo hagas. Esos no los miro. Me gusta ver los que se cortan de verdad. Una chica de diecisiete tiene todas las piernas y brazos rayados como una cebra. Hace unos videos re buenos, blanco y negro, está ella llorando en la cama o en la playa toda tapada como con una túnica larga y después te muestra los cortes mientras pasa música y pone frases re copadas:

MIS CUCHILLAS SON MIS MEJORES AMIGAS, SIEMPRE ESTÁN CUANDO LAS NECESITO. ME HACEN SENTIR VIVA. PREFIERO SOPORTAR EL DOLOR FÍSICO QUE EL EMOCIONAL. ME ALIVIA. Me calma. ME ESCAPO.  CUANDO ME DEPRIMO SOLO PIENSO EN EL FILO DE UNA NAVAJA.

me corto el alma y pico en pedacitos mis problemas.

We all have scars, we all have stories 

MIS CICATRICES SON COMO UNA GUERRA CONTRA MÍ. NO SE COMO TERMINARÁ…

Ahí  te pone imágenes de sus amigos y su familia llorando en su funeral. 

Me alivia ver cómo ella hace lo que yo quiero. 

Fui a la matinee. Me sentía muy trola. La pollera me marcaba el culo. Así estás bien, así tenés que ir, decían mis amigas mientras me ponían un rouge rojo con brillitos. Había mucha gente. Me sentí sofocada. Los espejos se empañaban. Me quería ir. ¡Ni en pedo nos vamos ahora!, decían ellas. Los chicos me sacaban a bailar marcha. Me daba asco besar a cualquier chico después de lo de mi abuelo. Quería ir a la salida. En un pasillo me empezaron a manosear. Me metí en el baño y lloré. 

Cuando volví me acosté y no quise levantarme más. No sé que hice. Me desperté en el hospital, dos días después. Mi mamá estaba puteándome: ¡La próxima hacelo bien así no molestás más! 

¿Cómo hiciste eso? Se enojó mi tía. Estaba mi padrastro, mis abuelos, mis hermanos. Me dio bronca. Estaban todos ellos.

A Juan dejé de verlo. Me enteré que estuvo con la de rulos que trabaja con él. Lo bloqueé. Me lo contó Quique, su vecino. Desde que terminé en el  hospital mi abuela esconde todas las pastillas. Quique consigue cajas enteras. Me dio algunas por sexo. Si Juan se entera lo mata.

Estoy saliendo con Lucas. Era mi mejor amigo de la escuela. Es muy bueno conmigo. Me trata bien. Dice que no tome nada ni me corte.    

Juan me escribió un cartelito rojo y blanco en instagram: Te comiste cualquiera. Te extraño.

A Lucas no lo dejan que vaya nadie a su casa. Y a mí no me gusta salir a la calle. Tengo miedo a que me roben, que me pase algo. No nos podemos ver fuera de la escuela. 

A mi mamá la veo más seguido porque está cuidando una casa en la villa de Flores. Ella y mis hermanos en verdad viven en José León Suárez. Las balas te pasan por acá. Mi mamá me quería meter en la droga y yo no quise.  

Una vez que fui a visitarlos un hombre me apuntó en la frente para robarme el celular. Yo me resistí, así me mataba. Pero me dejó el celular y se fue. Es re choto mi celular. Cuando trabaje en Mac Donalds me voy a comprar un 5g. 

Fui a buscar a mi mamá a Flores. Ella estaba en la casa de Juan. Es amiga de la mamá. 

¡Qué alegría verte de vuelta,  Sofi!, dijo la mamá de Juan. Y me abrazó. Pensó que él y yo nos amigamos. La mamá cocinó un pollo al horno con papas fritas, riquísimo. Me quedé a comer. Su mamá contó que estaba preocupada porque no van a poder alquiler más ahí. Se van a demoler algunas casas porque los del gobierno van a arreglar la villa. Una mujer le dio unos papeles para completar. Así les dan un departamento cuando estén terminados y lo van pagando de a poco. Ella tiene miedo que le digan así para que se vaya y después no le den por ser peruana.

Juan estaba re drogado. No le importaba nada. Mi mamá me dijo que durmiera ahí, ella tenía que volverse a José León Suarez. Está re flaquita mi mamá. Tiene sida.

A mí se me cayó un plato levantando la mesa. Sos una inútil, me gritó Juan. Él se quedó mirando la tele en el living y yo me encerré en su  pieza.

Estaba toda sucia. Me puse a limpiarla. No lo entiendo. Él tiene su mamá que siempre cocina rico, su papá, sus hermanos. Y se manda cagadas. Pensé en cortarme para que me de bola Juan.

Su mamá se enojó con él por dejarme sola. Y se quedó tomando mates conmigo. A lo de Lucas no puedo ir. En cambio la mamá de Juan se pone contenta cuando me ve.

Sobre la escritora

Vive en Buenos  Aires. Psicoanalista. Asistió a los talleres literarios de Laura Devetach y Silvia Jurovietzky. Estudia  Artes de la Escritura (UNA). Algunos de sus libros son Lucía y la varita china, Cuentos callejeros, A la vuelta del mundo, A salto de cangurito, Diario de dragones, Una tertulia inolvidable, ¿Alguien anda ahí?, Dorotea cumple mil, 100% fútbol, Cumpleaños a golazos, Bosque cotidiano, Estrellas negras. Además de escribir, ama las montañas.



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