04/02/2026
Por El Mono Noke
- Los runners.
- La cátedra de Taller de Narrativa audiovisual 1 de la UNA, dirigida por Anahà Bernieri: jamás pensé que existÃa la más remota posibilidad de tornar aburrida y tediosa la escritura de un guion; pues sÃ, esta cátedra lo consigue. Muchos la odian por su desorganización, su desprolijidad, lo aburrido, lo impreciso y lo poco riguroso de sus clases, lo tan poco trabajados que tiene Anahà los textos y conceptos que apunta a enseñar —sólo para que se den una idea, porque ejemplos hay miles, en una de sus clases, recuerdo, Anahà aseveró que las pelÃculas de Wes Anderson (cineasta que precio pero que, claramente, en su forma narrativa, es muchÃsimo más clásico de lo que aparenta) eran «anti trama». ¡Wes Anderson anti trama! ¡Pero si sus tramas son más claras que el fuego! No me animé a preguntar, si las de Wes Anderson son «anti trama», qué serÃan entonces las de Lynch, Antonioni, Bergman o Godard—, yo la odio también pero por algo más puntual: esta cátedra les asigna a sus alumnos la forma de lo que tienen que escribir, les impone la estructura clásica hollywoodense; los docentes afirman atribuir enormes libertades en el punto en que no indicarÃan nada respecto de la trama, que los alumnos «pueden escribir lo que quieran»; ignoran que, para un alumno de escritura, pocas cosas menos importantes que una trama, y que nada podrÃa encorsetar más su creatividad, aplastar más su deseo escritural, que la imposición de la forma. ¿En serio creen que queremos escribir por inventar historias, y no por inventar nuevas formas de contarlas? Arguyen que esta imposición se funda en un criterio pedagógico: para poder escribir un guion de estructura innovadora o diferente habrÃa que escribir necesariamente antes un guion clásico. Vaya supina estupidez; ya me enseñaste la estructura clásica, ya la estudié, entiendo perfectamente cómo funciona y no, no necesito copiarla para entenderla, ¡Ahora déjenme escribir otra cosa! Imaginen que en poesÃa nos obligaran a escribir con métrica fija, antes de permitirnos lanzarnos al verso libre. Leà poemas de métrica fija, lo entiendo, sÃ, podrÃa reproducirlo, ¡pero déjenme escribir otra cosa, por favor! Ignoran, ellos mismos, que se mienten. Si imponen la forma clásica como la única posible no es por ningún criterio pedagógico, sino porque son las pelÃculas que a ellos les gusta mirar, la que a ellos les gusta escribir y, por supuesto, la que les da de comer, la que más plata genera. ¿Eso está mal? No, pero no tiene por qué elegir lo mismo, no tenemos por qué escribir igual, ¿para qué, por qué escribirÃamos, si no podemos escribir distinto? ¿Y si no quiero seguir los 3 actos? ¿y si no quiero que haya un punto de ataque o de giro cada 20 minutos? ¿y si no quiero que mi protagonista sea activo? ¿y si no quiero que sepa lo que desea y se mueva, consecuente y coherentemente, tras ello? ¿si quiero que no desee nada y no se mueva en absoluto? ¿y si no quiero tener protagonista ni antagonista alguno? ¿y si me quiero cagar en el camino del héroe? ¿y si no quiero diálogos transparentes? ¿y si quiero que no se entiendan y que no aporten nada a la trama? ¿y si no quiero entretener? ¿si no quiero informar al espectador sino descolocarlo? ¿si no quiero dar ningún mensaje claro sino potenciar las lecturas, conmover, conmocionar? No se trata, tampoco, de no narrar, sino de narrar distinto. Ha sido tan exitosa la colonización que esta gente no concibe otra manera posible de hacer una pelÃcula, que admiten y disfrutan de una única forma de narrar, y obligan a sus alumnos, latinoamericanos, en la universidad pública argentina, a escribir imitando a los yankees. «Pensemos en una sociedad totalitaria, en ella, y por una razón cualquiera, sólo está autorizada una pintura única, y la única actividad artÃstica tolerada consiste en copiar dicha pintura» (Raúl Ruiz). Esta es la metáfora que empleó Ruiz para describir lo que sucede con el cine, ¿se ve el grado de fascismo en juego? Un régimen totalitarista en el lugar peor en que podrÃa operar: el arte, ahà donde se anula toda imaginación.
Cuando una forma es impuesta, deviene formalismo. Los formalismos me molestan, mucho.
- Los formalismos.
- Levantarme temprano.Â
- El uso exagerado (y por tanto impreciso, incluso banalizador) de la palabra “fascismoâ€.
- Que la gente ignore la diferencia sustancial entre el tomate perita y el tomate redondo: no, no es sólo su forma, es también su gusto.Â
- Luz Gaggi, o esa actitud particular que adoptan ciertos cantantes de posicionarse adelante, al frente de la música. Donde el canto se vuelve gimnasia vocal, circo, culturismo, exhibición de un músculo. Donde la imagen y el ego se imponen al sonido, le ganan a la música, apagan su potencia.
- La frase «yo te pago el sueldo».Â
- El capitalismo y su obligación de trabajar para vivir.
- Que el novio de mi hermana no tenga trabajo. Ponete a laburar, vago.
- Caso china Suárez: que las mismas mujeres que esgrimÃan a gritos la urgente necesidad de una sociedad más sorora ahora crucifiquen a una mujer porque se acostó con algún hombre casado, mucho más, muchÃsimo más, de lo que critican a ese mismo hombre por serle infiel a su esposa, e incluso a otra mujer (por ejemplo Wanda Nara) cuando ella misma le es infiel a su pareja. ¿Molesta, entonces, la infidelidad, o molesta la hegemonÃa estética que, al mismo tiempo, discursivamente, aparece como cuestionada en su valor?
- Gabriel Rolón dando consejos de amor en modo zen gurú emocional. Un verdadero psicoanalista se quedarÃa callado.
- El ukelele.
- Que la gente olvide que una fiesta electrónica es, ante todo, eso: una fiesta, y no un concierto de Chopin al que habrÃa que ir a escuchar, careteando, casi sentados, casi inmóviles, impostando elegancia.
- Que la enorme mayorÃa del público de las fiestas electrónicas no sepa quién es Chopin.
- Que la enorme mayorÃa de la gente que escucha a Chopin no escuche La nueva luna.
- La gente que escucha música alta en el tren o en cualquier espacio público. ¿Tantas ganas de mostrarte, hermano? ¿No sabés que el arte se disfruta en intimidad? Siempre fantaseo con ofrecerles mis propios auriculares, y también con revolearlos contra la ventana del tren. Nunca me animé a ninguna de las dos.
- La gente.
- Que la gente se haga la dormida para no ceder su asiento en el tren.
- Esta escena: llegar en el roca a Constitución a eso de las 18hs. Ver, desde adentro del tren, cómo afuera se disuelve la fila que la gente habÃa armado, todos se amontonan alrededor de las puertas, prácticamente no dejan bajar a nadie y, en pos de un asiento (sÃ, en pos de un puto asiento), son capaces de aplastar (literalmente) a quien tienen al frente, atrás o al costado. Esto es la tan mentada «viveza criolla argentina»: cagarse en el otro. Y me molesta que la invoquen como si fuera una virtud.
- La frase «a mà nadie me regaló nada»; mirá vos che, y cuando eras bebé, ¿los pañales te los comprabas con tu aguinaldo?
- La gente.
- Los rugbiers (¿todavÃa existen?).
- Tiempo atrás la gente fingÃa, se jactaba de haber leÃdo a Borges, aun quien no lo habÃa leÃdo jamás o lo habÃa abandonado a las dos páginas. Borges era cool.
Hoy dÃa, los escritores de mi generación (no todos, sà unos cuantos) se jactan de lo contrario, de no haberlo leÃdo en absoluto, porque resulta viejo, dicen, obsoleto, demodé, incluso aburrido. Eso es lo cool ahora, no leer a Borges, jactarse de eso sin vergüenza alguna, e incluso despreciarlo; sÃ, ¡despreciarlo sin haberlo leÃdo! Eso me molesta, mucho.
- Cierto feminismo que lucha por que a Freud no se lo lea más. De vuelta esta misma espantosa lógica de que lo nuevo es, por nuevo, cool, y lo viejo es, por viejo, obsoleto. Ignoran que al promulgar su cancelación no hacen más que confirmar su vigencia. A Freud hay que cuestionarlo, sÃ, pero para eso hay que leerlo. Reformulo: a Freud, hoy más que nunca, hay que leerlo.
- Los psicoanalistas que leen a Freud como si fuese la biblia.
- Que la chica que me gusta no guste de mÃ.
- La impuntualidad, de los trenes, y de la gente.
- Los gimnasios, su excesiva cantidad de espejos.Â
- Los baños que no tienen un solo espejo.
- La frase “sé tu mejor versión cada dÃaâ€. ¿De verdad? ¿También los domingos?
- La inteligencia artificial. La gente que cree que hablando con la I.A cubre su necesidad de un espacio terapéutico de salud mental, cuando la I.A hace exactamente lo contrario: reafirmarte condescendientemente en tu propia posición. Esto a la gente le encanta. Y eso a mà me molesta.
- Los terapeutas cognitivo conductuales, especialmente cuando hablan de las personas como si fueran ratas, es decir, como si no hablaran.
- Los libros de autoayuda. “¿Qué harÃas si hoy fuese tu último dÃa?â€. Lo mismo que Homero Simpson: llorar.
- El coloquio grupal con nota individual: Hacen la pantomima de la potencialidad de lo grupal, pero en verdad, poniendo nota individual, toda grupalidad se disuelve; ningún profundo intercambio, ninguna discrepancia posible, dado que cada alumno no piensa más que en destacarse él mismo, sostener y/o levantar su propia nota, y en no preguntar al compañero algo que pudiera comprometerlo. ¿Quieren potenciar lo grupal? Pongan al trabajo grupal una nota grupal. ¿Quieren evaluar los conocimientos de cada alumno? Evalúen con un parcial individual. Este engendro no es ni una cosa ni la otra, y asà pierde el potenciamiento colectivo que podrÃa tener un examen netamente grupal, como también la rigurosidad evaluativa de un examen individual clásico. Esto es un gris. Ni una cosa ni la otra. Eso me molesta.
- Las pantomimas.
- El color gris. Y el color blanco.
- Las personas extremistas que no admiten, en ninguna discusión, ningún matiz. Insoportables.
- Guillermo Moreno.
- Que la izquierda haya votado en contra del «aporte solidario y extraordinario de las grandes fortunas».
- El nombre «aporte solidario y extraordinario de las grandes fortunas»; ¿solidario? ¿es joda? Llamalo por su nombre, ponele «impuesto», cagón. (Acaso aquà empezó a nacer el monstruo: Milei.)
- No tanto que el presidente de la nación, con la nuestra, haya hecho un show musical en un grandÃsimo estadio al tiempo que sostiene que no hay plata para pagarle a los jubilados. No, no tanto eso. Hay un atrevimiento todavÃa peor: hacer un show cantando tan, pero tan mal. Que se crea capaz de interpelar, convocar, incluso emocionar a alguien con su voz, expone una disfunción realmente grave en su criterio de realidad. Asusta, porque exactamente lo mismo sucede con su gobierno: no se da cuenta de lo mal que lo hace, de los males que hace. Eso me molesta. Asusta.
- Que se haya muerto mi mamá.Â
- Las consignas.
- El ruido de las motos.
- Mucha gente hablando fuerte a la vez.Â
- La gente.
- La instagramer Almendra Veiga. Más preciso: su actuación constante, que todo la sosprenda, que todo le resulte maravilloso. Más preciso: la pretensión de que algo puede ser cabalmente explicado en 1 minuto, habiendo buscado la información en Google hace poco menos de una hora. Más preciso: no Almendra Veiga en sÃ, no, más bien: la simulación de la pasión. Apasionarse con algo es ir a fondo; es enloquecerse, obsesionarse, dedicarle tiempo, mucho tiempo. Cambiar de pasión cada semana no es apasionarse. Apasionarse con todo es no apasionarse con nada.Â
- La editorial Planeta.
- Que un profesor te corrija cuando escribÃs (con fundamentos) algo diferente a lo que él dijo y/o esperaba que escribas.
- No sacarme un 10.
- La poesÃa de instagram (mejor: los poetas de instagram): «que la poesÃa […] no pueda más que esporádicamente acceder a los medios masivos o construir una presencia menos discontinua en un proyecto editorial de mercado. Por más que lo logre, hay algo radicalmente inactual en su discurso que la lleva a tener que hacerse y proyectarse en un margen, a contrapelo de los otros discursos […] de trivialidad que achata la percepción. […] En ese margen crÃtico […] su posibilidad de resistencia». Alicia Genovese (otro caso más de una gran escritora que es una pésima docente) aquà da en la tecla con justÃsima precisión. Si la leemos atentamente y la seguimos en su señalamiento, habrÃamos de advertir que la poesÃa de Instagram, tan inocua e inocente que parece, conlleva sus peligros. Si la poesÃa adquiere su potencia habitando los márgenes, resistiendo desde allÃ, tensando al lenguaje para desautomatizarlo y hacerlo decir otra cosa, ¿qué sucede cuando pasa de los márgenes al centro del mercado, al centro de la venta; cuando deja de exigirle tiempo a su lector para pasar a ser igual de decodificable que un mensaje de whatsapp, igual de automáticamente entendible, igual de llano, en ese tiempo fugaz; cuando lo único que le pide al lector es complacencia o, peor aún, identificación; cuando deja de forzar la lengua para sencillamente reproducir lo mismo que se dice y se escucha socialmente (mismas palabras, mismos modismos, idénticas construcciones sintácticas), sólo que cortándolo (súper linealmente, además) en verso, como si eso por sà solo cambiara algo, más que volver accesorio, estéril, impotente al corte de verso mismo, herramienta poética por excelencia; cuando se torna netamente, únicamente, absolutamente actual, y no va a contra pelo de nada, y se vuelve pura «trivialidad» que, lejos de extrañar, «achata la percepción»? Sucede entonces que la poesÃa pierde toda su fuerza, su efecto, que acabamos llamando poesÃa a algo que no resiste a nada (ni siquiera a una segunda lectura) sino que se erige como un producto de mercado más, igual de maquillado, igual de preocupado por gustar, igual de efÃmero que una historia de Instagram, porque asà como rápido se lee, rápido se entiende, rápido se va. No es poesÃa, claro está; si lo fuera, muy lejos de irse, se quedarÃa largo rato (si no para siempre) con vos.
- Los hombres que suben fotos de sus autos a Instagram.
- La palabra «refugio», su sobreutilización (llegará un punto en que ya no signifique nada).
- El amor: ¿Cuál es la distancia entre el que pretende cancelar a Radiohead por sus declaraciones del que lo sigue escuchando de igual modo? Ciertamente, es una diferencia de quantum, de grados; no grados de moral, sino de amor. El cancelador de Radiohead no posee mayor sentido de la moral que el que los sigue escuchando, simplemente ama menos (quiero decir: no ama) esa música. El amante de Radiohead puede estar tanto o más indignado, pero no podrÃa nunca dejar de escucharlos, aun si asà lo quisiera. Ustedes bien lo saben, asà es el amor. Por eso, cuando alguien propone cancelar cualquier obra artÃstica (música, libro, cine, lo que quieran) por lo que dijo o no dijo, hizo o no hizo su autor, jamás hay que aceptar lo que él mismo cree y sostiene, a saber, que su fundamento está en la indignación, en el valor supremo que le atribuye a la causa que defiende, no, nada de eso, sencillamente no ama, no ama eso que quiere cancelar.
- Que la gente grabe con su celular en un recital.
- Que mi compañero de recitales se resista a grabar con su celular en la parte que le pido que grabe.Â
- Cuando caminaba por mi barrio veÃa siempre a un perrito en el mini patio delantero de la casa enrejada de la esquina. Al principio me daba ternura. Hoy el perrito creció, es algo más grande. Repito: lo veÃa siempre, lo veo siempre ahÃ, también durante los inviernos. Comprendà que no entra a la casa, que vive ahÃ, afuera, solo. Eso me entristece. Pienso en los tantos perros que viven en la calle, sin el calor ni la ternura ni los cuidados humanos: solos. Me entristece eso. Pienso en la gente que tira cohetes y petardos en año nuevo y navidad. Eso me molesta.
- La lógica.
- La palabra «libertad». Excepto cuando la usa Watanabe. Poema Acerca de la libertad: «Esta mañana han comprado un pájaro/como se compra una fruta/un ramo de flores.//Dicen que Hokusai compraba pájaros para liberarlos.//También Leonardo/pero midiéndoles el impulso y el rumbo.//Posiblemente en la infancia he pintado pájaros/pero jamás les he hallado relación exacta con los aviones.//Estoy tentado a liberar este pájaro/a devolverle/su derecho de morir sobre el viento.//Me van a pedir razones.//Sentiré la obligación de hablar acerca de la libertad/pero mi familia que es muy lógica/dirá que afuera solo/con el viento/a ver qué hago.»
- Que haya muerto mamá.
- La gente.
- Las listas.
- Twitter.
- El anonimato.
- Seudónimo: El Mono Noke.
- Que haya muerto mamá.
