11/03/2026
Por Tomás Masariche y Eva Palottini
@tomasmasariche – @evapalottini
Nadie piensa nada.
Todos repiten todo.
Así estamos.
Llegas al 3er subsuelo como quien se adentra en lo profundo de la mentira.
Te metes porque la inquietud te come.
La pregunta es hasta dónde pueden sostener la farsa.
Y como siempre, la realidad te termina sorprendiendo.
Los dinos se miran de reojo. No giran mucho el cuello porque no pueden.
Se saludan con besito corto, algún abrazo frío.
El problema es por qué se apropian de los espacios, por qué se quedan sólos.
La pregunta rebalsa de inocencia. Y la ambición apesta.
No se les cae la cara.
Se conocen entre todos.
Hace décadas que trabajan juntos.
Todos se dieron trabajo durante años.
¿Por qué siempre los mismos?
¿Tan bien lo hacen?
Parece que hay una manera de hacerlo bien.
Con besito corto y abrazo frío.
Yo voy con mi camperita Adidas. A propósito.
Pienso que, en el mejor de los casos, les doy miedo y terminan llamando a seguridad para que me pidan mi carnet de artista consagrada. Pero eso no va a suceder porque yo también me voy a portar bien y voy a hacer el mejor papel de extra en ésta peli clase B. Prostituyendo mi tiempo y espacio, regalando lo que me queda de espontaneidad al peor postor.
Qué baratos nos volvimos.
Los dinos van pasando a la sala. Adentro los espera una mesita muy bien puesta. No hay lugar para un cuaderno, lápices, alguna cartuchera. Elementos que quizás se puedan asociar con la palabra pensar. Nada. No hay nada de eso.
Las gradas parecieran estar acomodadas por una especie de criterio de castas. El espacio de los oradores, una platea al nivel de los oradores y una platea superior que no está ni iluminada.
Nos sentamos.
***
Estaba saliendo para el San Martín a “pensar el FIBA”, se suponía que tenía que encontrarme con Persea, pero justo cuando salí de casa se me cayó al piso un envoltorio de un chocolate que me había comido para seguir siendo cada vez más gordo y cuando me agaché a buscarlo me quedé duro de la espalda. 31 años tengo y me quedo duro con facilidad. Los duelos, las muertes, el trabajo, el cansancio, la poca relación con mi cuerpo devienen en una lumbalgia que seguramente me había enviado alguna que otra advertencia antes pero decidí no escuchar.
Me quedo duro y vuelvo a casa. No voy a poder ser testigo del pensamiento del FIBA (uf que plan me pierdo). Seguro alguien iba a decir que el teatro ya no es lo que era antes, que los festivales no son lo que eran antes, pero yo ya miré a los ojos a la medusa y me convertí en piedra. Mientras tanto Persea fue sin mí.
***
Me siento al nivel de los oradores. Siento que ese no es mi lugar pero no me importa.
Me encantaría ser parte de los oradores, pero no sé cómo hacer para lograrlo, si fuese oradora significa que cerré algún trato en algún momento o que trabajé en algún momento.
Empiezan a hablar. Algunos hacen cálculos. Participaron en todas las ediciones. Me quedo callada, no digo nada. Claro, no fui ahí a hablar, fui a escuchar. Sólo pienso: ¿Todas? Pienso en la cantidad de veces que presenté formularios para participar, para mostrar algo. Me recuerdo llena de ilusiones, absurda. La cola en la silla, los dedos en el teclado, ilovepdf, riders, materiales nunca a la altura. Siempre tarde. Siempre pobre. Siempre amateur. Siempre malabareando la falta. Me alegra escuchar que le abrieron la puerta a muchos artistas. Hablan de cómo era antes. Antes no era como ahora. Antes los festivales. Antes las giras. Antes nos pagaban por trabajar.
Qué maravilla, pienso, y escucho el ruido de los grilletes.
***
No sé qué espero que me cuente Persea cuando vuelva de las actividades del FIBA, creo que nada, pero me la imagino lacerante, mirando todo con ojos ríspidos, esperando para pedir la palabra, posiblemente al final, cuando ya no quede más para contestar, para decir alguna verdad incómoda.
***
Molestar, eso quiero. Escucho y me gusta escucharlos. Pero quiero molestar porque hay algo que me molesta a mi.
Quizás sea que los dinos tienen un hablar cansino. Están tristes y decepcionados. Algunos se sienten perdidos y desmoralizados. Temen que su arte ya no atraiga porque no atrae a las masas. Quizás el teatro ha muerto, se atreven a afirmar. Red flag, dino. Teatro, recuerdo. Teatro independiente, pienso. Pero de independiente ya no queda nada en el 3er piso del Teatro San Martín.
Otros, mientras tanto, construyen la pantomima del pensamiento en cada gesto, en cada acción. Pero acá nadie piensa nada. Sólo accionan por repetición, por inercia. O por interés.
***
El último día del pensamiento del FIBA, tenemos función, logro pichicatearme para estar bien para nuestra obra. Y, un rato antes de arrancar, vuelvo a ver a Persea, le pregunto cómo le fue y lo que sigue narrando es una especie de acto de neocolonización en donde los artistas agachan la cabeza y sólo algunos dicen lo que verdaderamente piensan. Y claro, los entiendo. Conviene eso, yo haría lo mismo. Lo otro que me comenta, es que varios programadores que había en la sala tenían planeado venir a ver “la nueva de X”. Me entusiasmo con la idea y, como siempre, mi cabeza empieza a pensar: ojalá les encante y nos lleven a algún lado.
***
Alguien tiene algo para comentar, dicen. Y nadie dice nada. Un silencio que da para pasar a otra cosa. Pero lo rompo, como a una piedra sobre un muro, pidiendo el micrófono. Les agradezco porque, primero que nada, son mis referentes. Después, me atrevo a decir, con la voz algo rota y temblorosa, me atrevo a recordarles que todavía están las universidades repletas de jóvenes estudiando artes, que hay cientos de funciones semanales, que vaya a saber por qué ola noventera la calle Corrientes está explotada de gente que necesita soltar los teléfonos e imaginar otros mundos posibles. Que el teatro es resistencia.
***
Ahora en plural.
La función sale bien, la pasamos bien, hace tiempo nos proponemos pasarla bien por sobre todas las cosas, tratarnos bien, procurar buena onda, recibir al público con buena energía. Arranca la función y las cosas salen dentro de lo esperado, como siempre algunos detalles por pulir. Mucha gente del exterior en el público, uruguayos, franceses, chilenos, italianos, algo dio en la fecha que es todo tan internacional.
Salimos contentos, pero de los famosos programadores nada. Ni una palabra, ni un agradecimiento por las entradas. Uno manda un audio diciendo que lo mejor es que seguimos arriesgando pero que esto nuevo no se parecía en nada a aquello viejo (que tampoco programaron en ningún lado), que sigamos trabajando.
Una vez más nada nuevo por aquí, nada nuevo por allá. Al parecer la idea de hacer algo interactivo es demasiado arriesgada y no funciona. Al menos no como lo otro. Salgo a saludar y un referente del teatro se me acerca y me pregunta si vivimos de lo que hace el grupo. Le digo que claro que no. Y no tiene mejor idea que añadir: Ah claro, ustedes en otra época vivirían 100% de lo que hace el grupo, hoy ya es todo muy diferente.
Saludamos a todos los que nos esperaron, y como siempre los invitamos a tomar una birra a la greco, nuestro ya plan after función, donde nos sentimos cómodos y les mozes nos coquetean cuando les pedimos más cerveza, el lugar en el que se arma alguna fiesta del inframundo si decidimos quedarnos un rato más a esa hora donde ya la medusa no vaga por ningún lado y si te quedas duro es por exceso de cocaína en sangre. En ese mismo lugar donde a veces bailamos hasta el amanecer y luego volvemos a nuestras casas en San Telmo, en Caballito, en Ortúzar, en Escobar, en Boedo, en La Boca, en microcentro o en alguno de esos barrios en los que si no vivimos, ya nos va a tocar a vivir. Ahora camino por la calle a la madrugada, cansado, el efecto del diclofenac con piridinol ya quedó olvidado y vaya a saber qué sustancia me mantiene en pie.
Quiero decir: no tengo ningún margen para la victimización. Si fue en otra época en la que se viajaba por los festivales, me alegro por los que les tocó, y les agradezco la inspiración que me brindaron. Seguramente a nosotrxs nos toque decirle a las futuras generaciones que a nosotrxs no nos tocó viajar por todos los festivales del mundo, que nosotrxs no nos compramos ninguna casa con ninguna obra, ni ningún teatro, y nos tocará organizarnos para que algo vuelva a suceder y a ellxs sí les toque viajar, sí les toquen teatros públicos no vaciados y si les toque todo eso a lo que nuestra generación llegó tarde. No podremos contarles de pitching y el boom de la industria cultural porteña, pero quizás sí les vamos a poder recomendar con perfecta especificidad en qué antros hacíamos los mejores postfunción, la cantidad de funciones que hicimos para 13 personas, les vamos a contar cómo seguíamos haciendo teatro y cine sin un sólo peso, pensando en que lo que más nos caracterizó fue hacer sin nada, que fuimos a la patriada en la cigale donde había teatro por $4.000 pesos en pleno 2025, les vamos a decir que una y otra vez citamos al parakultural porque también habíamos llegado tarde a eso y que queríamos construir algo parecido pero que tampoco nos salía, y les vamos a contar cómo recorrimos todas las calles de Buenos Aires sin dejar ni una sola vacante, sin dejar ni un sólo ápice de disfrute sin vivir.

Sobre Tomás Masariche
Actor, Director, Dramaturgo y Docente. Egresado del Profesorado de Teatro de la Escuela Metropolitana de Arte Dramático y del Curso de Dramaturgia de la misma institución Realizó espectáculos y talleres de investigación escénica en Argentina, Uruguay, Chile, Bolivia, Perú, Ecuador y Colombia.
Tomó talleres de producción e investigación escénica con Malayerba (Ecuador), Eugenio Barba (Italia- Dinamarca) , Teatro de Los Andes (Bolivia), César Brie, Guillermo Angelelli, Raúl Serrano, Juan Coulasso, Emilio García Wehbi, Chamé Buen Día, Silvio Lang y Hernán Franco, Jean Jacques Lemetre, Felicitas Kamien, entre otrxs.
Tomó talleres de Dramaturgia con Arístides Vargas, Eugenia Pérez Tomas, Andrés Gallina, Santiago Loza y Rodrigo Arena.
Sobre Eva Palottini
Comenzó su formación dentro de las artes en el Grupo de Teatro Catalinas Sur, donde se perfeccionó en el campo acrobático durante dos años y participó del espectáculo El Carnaval Veneciano. En 2008 comenzó su formación en teatro con los docentes Pablo Fusco y Raquel Sokolowicz, y en antropología teatral con el maestro Guillermo Angelelli, con quien colaboró como docente de movimiento y conciencia postural impartiendo clases dentro de su entrenamiento durante los siguientes seis años.
Egresada de la carrera de Formación del Actor en la Escuela Metropolitana de Arte Dramático (EMAD), tomó cursos y seminarios con César Brie, Sergio Mercurio, Marina Otero, Gabriel Chamé, Jean Jacques Lemetrè (Theatre du soleil), entre otros.