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El silencio no existe | Por María Tudela


09/09/2026

Por María Tudela

Si tan solo lo entendemos como la ausencia de ruido, empezaré afirmando que no existe, porque aunque subamos a la montaña más alta y solitaria del mundo, o nos atrincheremos en una habitación insonorizada, aun bajo esas condiciones, incluso así, oiríamos nuestro latido, que no es otra cosa que ruido, o lo que es lo mismo, el sonido que hace el movimiento de la sangre al entrar y salir de nuestro corazón. 

Sin embargo, el hecho que te obliga a parar, a respirar, y a nada más, cada día lo amo más, aunque la simplicidad de ese proceso siempre me sedujo. Después de años haciendo fotografía, he llegado a la conclusión que con mi cámara ese “nada” se convierte en todo: en escuchar, en mirar y en ver. Escuchar qué tiene que decirme la Naturaleza, introducirme en su vientre, saborearla, amarla, sentir estar en el mundo y confundirte con él. En definitiva, entender el silencio como el marco que posibilita el encuentro conmigo misma.

Sí, la fotografía ha sido el canal que me ha permitido encontrar ese silencio, quizá todo empezó en aquellas primeras salidas por esos caminos perdidos del mundo, y aunque la pretensión era mucho más simple, se fue gestando ese amor al silencio del todo. Me sería imposible crear sin él, hay algo que me llama, y aunque desconozco si me condujo directamente a la fotografía, o si por el contrario, hacer fotos me enseñó a amarlo, hoy no concibo lo uno sin lo otro. En cualquier caso, de lo que no tengo duda, es que todo se debe al profundo amor y respeto que profeso a la Naturaleza, a la quietud y sosiego que me despierta. En esta relación creada, es muy difícil que mi mirada no sucumba a tal hecho, o que se vea claramente influenciado mi trabajo. Partiendo de que el silencio no existe, y por tanto, lo que llamamos silencio es una representación del él, el silencio no es calmado, ni es prudente, ni aburrido, ni mucho menos discreto, ni siquiera creo que sea callado, pero sí, es capaz de significar.

Definirlo en una imagen no es tarea fácil, pues no se ve, pero sí lo podemos percibir y sentir, ahí radica no solo el paradigma, sino la magia de la fotografía. Intento inducirlo a través de elementos y conceptos visuales, como la niebla, el vacío, la oscuridad, la soledad, el minimalismo o, la propia ambigüedad narrativa.No solo pretendo plasmar, imponer o provocar silencio, sino que busco el silencio narrativo, dejando a veces al observador, la responsabilidad de crearlo. Busco hacer imágenes que aún revelan un mundo en silencio, pero también otras que te sumergen en una quietud calmada, dentro de un mundo con demasiado ruido.

Al fin y al cabo, qué es una fotografía, sino un silencio lleno de contenido.

Sobre María Tudela

«Mi nombre es María Tudela, nacida en una ciudad llamada Lorca, al sur de España. Soy enfermera de profesión, y compagino la afición y pasión de fotografiar en mi tiempo libre. Hace unos años decidí mostrar mi obra en redes sociales, abriéndome un abanico de oportunidades pata divulgar y dar a conocer mi visión. Lo que me permitió exponer dentro y fuera de España. Mi obra ha sido reseñada en revistas nacionales (DNG, 1:1 Photo Magazine), e internacionales como Dhodo, Lens Magazine y Monovisions, y actúo habitualmente como jurado en certámenes. Aunque lo que me encanta es mostrar mi visión directamente en charlas y conferencias.Mi formato preferido de expresión es el fotolibro, soporte en el que he publicado obras como «Tocando el cielo» (2025) y «Oscuro» (2024). Actualmente estoy construyendo mi tercer fotolibro” Habitación 144”.Concibo la fotografía como un instrumento perfecto para crear lo que veo y siento, y estoy mucho más interesada en provocar que en describir.Mi propuesta, la «fotografía del silencio», en la que estoy trabajando los últimos años, se aleja de las reglas técnicas para centrarse en sugerir y explorar una belleza nostálgica, a través de atmósferas decadentes, la quietud y el vacío.En muchas ocasiones desconozco por qué existen las imágenes que hago; sin embargo, desde el principio he intentado dotarlas de las herramientas necesarias para provocar sensaciones. Dejar la imagen abierta a la sensibilidad de quien la mira, transforma la obra en un elemento vivo que se reinventa con cada mirada».



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