10/03/2026
La coreógrafa trabaja una nueva versión de la obra junto a la compañía francesa LaFlux.
Por Adriana Barenstein
@barenstein
La coreógrafa argentina Susana Szperling prepara una nueva versión de La Pisada, una obra que parte del lenguaje del folclore —malambo, zamba y baguala— para trabajar su potencia rítmica desde un enfoque contemporáneo. La pieza, con música de Axel Krygier, se construye sobre el diálogo entre distintos registros corporales y propone una exploración del zapateo como material coreográfico capaz de desplazarse entre lo individual y lo colectivo. En escena participan dos bailarines de la compañía SZDanza junto a dos intérpretes de la compañía francesa LaFlux, quienes retoman la coreografía para abrirla a nuevas variaciones y encuentros.
El intercambio forma parte del proyecto “Tradiciones Compartidas y Ecos Cruzados, Buenos Aires–Córcega”, seleccionado por el Fondo Enlace de Orillas Nuevas, que impulsa intercambios entre artistas argentinos y franceses. En ese marco, Szperling y su equipo trabajarán con la compañía LaFlux en la isla de Córcega para preparar una serie de funciones y actividades pedagógicas. El proceso incluye un laboratorio de trabajo y la incorporación de nuevos intérpretes que revisitarán la obra original, reactivando su vocabulario rítmico y su investigación sobre la relación entre tradición y danza contemporánea.

—¿Cómo es el proyecto que tenés para irte?
—Es un intercambio que haré con la compañía LaFlux de Francia, en Córcega. Nos presentamos a un concurso y fuimos seleccionadas por el Fondo Enlace del programa Orillas Nuevas. Se entusiasmaron mucho en la compañía LaFlux con una obra en particular mía que trabaja el folclore desde una perspectiva contemporánea.
—¿Es la que trabaja con malambo?
—Sí, es esa. Ellos se fascinaron con todo ese vocabulario rítmico y me dijeron: “Queremos bailarla”. Yo, en principio, les había propuesto compartir escena. Ellos tienen una obra muy hermosa que se llama Leyenda, sobre la mitología de la isla Córcega, que también trabaja como una especie de carnaval. Y pensé que estas dos obras tienen algo en común en cuánto a la temática, y les gustó muchísimo el malambo; así que quieren que vayamos. Vamos con dos personas de la compañía que dirijo SZDanza, Gerardo Carrot y Camila Redondo. Se suman Caroline Savi y Juha Marsalo, una pareja de directores de la compañía LaFlux, para bailar La Pisada con una nueva versión. La vamos a revisitar.
—¿Cómo es más o menos el recorrido? ¿Hay laboratorio?
—Sí, hay un laboratorio. Primero empezamos online para ir avanzando y después, allá, en Córcega, vamos a estar una semana entera ensayando todos los días, muchas horas, para hacer la función del 3 de abril en el teatro l’Alb’Oru de Córcega. Ellos arman una gira espectacular, unas siete funciones en distintos teatros y localidades. Empezamos en Bastia y seguimos en distintos centro culturales. Después está el Centro Cultural Anima y allí daremos, junto con un conservatorio de danza, unos talleres. Ellos también organizan funciones.
—¿Los talleres enfocan danza contemporánea?
—Vamos a hacer un mix. La idea es hablar también de la tierra, de los distintos tipos de danzas, y fusionar la rítmica con el lenguaje específico del malambo, la zamba, y ver qué más aparece.

—¿Tomás malambo, zamba y algo más?
—Hay una baguala hermosa que nos hizo la música Axel Kryger, y posiblemente incorporemos algún músico francés para las escenas nuevas. Para mí la baguala es más un paisaje, un ejercicio de paisajes corporales; lo he trabajado en ese sentido. Hay una escena con zamba, otra con esa baguala, y está el malambo, la fiesta.
—Vos en abril te vas para allá ¿y ellos después vendrán acá?
—Están organizando su visita al país para fin de este año.
—¿Para vos que es lo más atractivo o movilizante de este proyecto de fusión?
—Para mí hay algo personal de la creación de este material. Nace en un momento en que yo vivía afuera y empecé a recordarme en el colegio; entonces surgieron ganas de tomar este material como propio. Es muy lindo haber podido trabajar con Gerardo sobre las bases de este material, que es tan rico rítmicamente y kinéticamente, y que tiene tanta fuerza. Como mujer, es muy empoderador trabajar con el malambo y también poder soltar algunas reglas que proponían esas formas para llevarlas a otros significados e instancias: mezclarlo con lo urbano, con tu respiración, con tu sensibilidad, pasarlo por vos. Fue una especie de coctelera muy placentera, divertida, energizante.
—Claro, es como penetrar más allá de la cáscara o de la forma.
—Sí, es muy vital, fuerte, energético; obviamente tiene algo guerrero, pero nosotros lo transformamos en una energía que circula en el grupo. Empieza a ser una fiesta, una seducción, un encuentro; también una manera de saltar, de volar, porque usamos la tierra para despegar. Hay un montón de pertenencias que tal vez el malambo no tenía: es una danza solista, de alguien que muestra su fuerza, que está buenísima; pero aquí la llevamos a algo grupal, y eso está bueno.

—Me parece buenísimo tomar las danzas del territorio, del lugar al que pertenecemos. Además vos tenés toda una formación que sustenta eso. Contanos eso.
—Tengo una formación muy amplia. Empecé con sensorialidad, con expresión corporal, con todo ese mundo de valorar lo que sentís y cómo lo sentís.En el Teatro San Martín tuve una formación muy fuerte en ballet, muy fuerte en contemporáneo; muy fuerte en composición con grandes maestros como Ana Itelman. También hice clown. O sea una libertad con un entorno artístico y cultural muy poderoso, y de un ritmo de entrenamiento físico de horas y horas. Luego, cuando me fui de gira a Estados Unidos, bailé en compañías como la de Susan Marshall.
—Contame lo de Susan Marshall.
—Susan Marshall es una coreógrafa importante; estudió en la Escuela Juilliard en la ciudad de Nueva York, y ahora es directora del programa de danza dentro del Lewis Center for the Arts de la Universidad de Princeton, además de dirigir la Susan Marchall & Company. Estuvimos en Lincoln Center, en el American Dance Festival, con una obra que se llamaba Contenders. Era como un juego en torno a lo que serían las competencias de gimnasia. Yo, de hecho, bailaba con un hombre al que tenía que levantar y sostener; era un dúo. Con toda esa impronta siento que el malambo caía bien. Eran fuerzas que mujeres y hombres comparten de modos muy poderosos, salvaje.
—Sí, y hay que decir que cuando uno habla con palabras como empoderamiento o independencia, tiene que contarse que es físico, hay que demostrarlo corporalmente.
—Claro. Y bueno, también tomaba clases con otras compañías, con Trisha Brown, que me becó mucho tiempo, con una práctica súper sutil, rica en manejo corporal; y con alguien como Meredith Monk, que hacía canto increíble, con una mirada transdisciplinar. En ese mundo absorbí mucho de eso. La investigación que hago ahora tiene que ver con lo transdisciplinar desde hace tiempo. También estudié en el área de teatro con Vivi Tellas y con Kartun.
—Vos salís de lugares que son públicos, no sólo te formaste en lo privado ¿Cómo crees que hay que alentar lugares como la universidad donde también das clases?
—La universidad me parece una educación fundamental. Da una formación riquísima, amplia, profunda: física, intelectual, teórica. Pone las artes en un lugar de discusión social importantísimo. Desde ahí se pueden armar otros modos de hacer arte, desde un grupo y un lugar. Me parece fundamental ese espacio gratuito: si yo no hubiera pasado esos tres años en el San Martín no hubiera llegado a Estados Unidos ni hubiera podido bailar donde bailé ganando todos los concursos porque fui muy bien formada desde aquí. Esos espacios son esfuerzos importantísimos de formación, crecimiento y conservación de la historia, o sea de dónde venimos y hasta dónde vamos.

—Cuando se creó la universidad de las artes se vio un crecimiento muy grande en el sector de la danza. ¿qué materias das en la universidad?
—Yo doy composición coreográfica y taller coreográfico. Es un espacio hermoso. Veo trabajos cada fin de cursadas cuatrimestrales y salen trabajos preciosos. Lo que se genera ahí es tan valioso; disfruto muchísimo ver a los estudiantes crear sus proyectos en diálogo con las propuestas que uno trae. Uno crece como docente también porque entiende la singularidad de cada persona y cómo manejar un laboratorio y enseñar en arte. La singularidad es valiosa; es personal, lo nuevo.
—Vos decís singularidad y pienso en ella como algo que está en lo colectivo, como la universidad.
—Eso da un crecimiento grande y también una riqueza en lo específico. Ell crecimiento es diálogo, salir de lo propio para encontrar algo nuevo en el otro.
—Claro. ¿y ahora estás enfocada en el viaje?
—En principio sí. Tengo mucha concentración en el proyecto. Siempre estoy trabajando en otras cosas que quedan en carpeta hasta que lo trabajo. Hice colaboraciones para teatro y puede venir alguna otra colaboración en la que me llamen, porque desde la mirada coreográfica se puede aportar mucho a una obra teatral.
—¿Y cómo ves el sector de la danza en este momento en cuanto a proyectos, obras, ideas por desarrollar? ¿Lo ves efervescente o tranquilo?
—En este momento creo que la danza está haciendo mucho esfuerzo, como toda la cultura, para estar presente en los espacios. La danza es un arte que requiere una inversión económica, por eso es muy importante todo el apoyo posible, que hoy está difícil. Valoro mucho asociaciones como Cocoa datei, que sacar algunos ciclos a fin de año y está planeando el festival de sus 30 años. Tuve la suerte de poder trabajar con la asociación; hicimos el festival FIDIC con muchas propuestas. Desafortunadamente en el Festival de Danza Contemporánea de la Ciudad no se está haciendo. La danza se está preguntando por algunos espacios que existían durante años.
Yo estoy preocupada por la danza; estamos tratando de generar asociaciones interesantes con el exterior, pero peleándola mucho. Por suerte están espacios como El Borges, que programan danza y performance con apoyos; el Centro Cultural Palacio Libertad, Arthaus que también trata de hacer propuestas. Y hay algunos teatros independientes que siguen dando apoyo y armando ciclos y festivales. Esperemos que todos esos espacios puedan seguir. Está faltando mucho.
—¿Y esta obra tuya cómo fue que se produjo?
—Esta obra tuvo un desarrollo. En su momento pasó por el Teatro Alvear en producción con el Teatro San Martín. En un momento la tomó un ballet del Mercosur y la llevó por todo el país, y en el Colón se presentó. Me parece hermoso el desafío de mantenerla vigente. El teatro mantiene a veces obras en cartel mucho tiempo; estoy revisitando obras anteriores para seguir presentándolas. Mantener nuestro trabajo en cartel cuesta, pero es importante: mucha gente no las conoce y son maravillosas.
Puedes ver La Pisada acá:
Revisa el calendario del intercambio:
Del lunes 23 de marzo al viernes 3 de abril de 2026:
Ensayos en la sala de práctica artística de l’Alb’Oru (excepto los miércoles por la mañana y los fines de semana).
Viernes 27 de marzo de 2026:
14:00–15:30: Presentación pública en el gimnasio de Pietranera para los escolares del municipio + espacio de intercambio con los niños.
17:00–20:00: Masterclass en el Conservatorio de Bastia para estudiantes de danza de
2.o y 3.o ciclo (jazz, clásico y contemporáneo).
Viernes 3 de abril de 2026:
20:30: Representación de « La Pisada / L’Empreinte » en el Centro Cultural l’Alb’Oru, en el marco de la velada organizada por el Conservatorio de Bastia.
Lunes 6 de abril de 2026 – Centro Cultural Anima (Prunelli di Fium’Orbu):
15:30–18:30: Taller coreográfico.
19:00: Representación de « La Pisada / L’Empreinte »
Martes 7 de abril de 2026 – Spaziu Culturale Carlu Rocchi, Biguglia:
15:00–16:30: Taller.
20:30: Espectáculo.
Miércoles 8 de abril de 2026 – CCU Spaziu Natale Luciani, Corte:
15:00–18:00: Taller coreográfico.
18:30: Representación.
Jueves 9 de abril de 2026 – Théâtre Alibi (Bastia):
17:30–19:00: Taller coreográfico.
19:30: Representación.
Viernes 10 de abril de 2026 (10:00):
Intervención en la escuela François Amadei (Lupino); representación para escolares.
Domingo 12 de abril de 2026 – Ossiderium de Venaco (Casell’Arte):
Taller y representación (horarios a confirmar).
16 de abril de 2026 – Micadanses (París):
14:00–17:00: Taller.
17:30–18:00: Espectáculo.
18:00–19:00: Intercambio con el público.