26/03/2026
Por Giovanna Cirianni
@giovigeraldina
El 12 de marzo se reestrenó en el Centro Cultural de la Cooperación Un mar incógnito de Virginia Rossi. La obra, inspirada por la memoria del Ara San Juan, fue seleccionada por el área de Danza de este espacio como parte del Programa Investigaciones en Residencia durante el año pasado, al final del cual se mostró el trabajo por primera vez al público.
John Berger escribió que para construir una escena hay dos posibilidades: el cinematográfico, que es como un portal hacia otro lado; y el pictórico, que trae la imagen al lugar donde se observa. La forma pictórica bien podrÃa ser también la forma de las artes escénicas que construyen o reconstruyen un mundo en la sala y traen de lejos un pedazo de otra realidad ante nuestros ojos.
Sentada en mi butaca, de pronto me parece fácil reconstruir un mar: sonido, luz y movimiento que canalizan en su fluidez una misma sensación, profundidad y delicadeza. Sin embargo, después de unos minutos dimensioné la importancia del diseño de sonido, algo que no fue evidente al principio. Puedo explicar esto recordando algo que se dice sobre el diseño de escena, utilerÃa y escenografÃa: el escenario (en este caso, el silencio) por sà mismo lo tiene todo, y el trabajo consiste en vaciarlo de lo que no corresponde. El resultado es algo que no llama particularmente la atención, y que sin embargo es necesario.
Una de las virtudes de la danza y del teatro fÃsico es la plasticidad de los cuerpos. Las bailarinas de Un mar incógnito son completamente mutables. Encarnan elementos tan contrastantes como pueden serlo las corrientes de las profundidades con un submarino. Pienso en cómo es esto posible y llego a una idea simple: retrato de un mecanismo. Cualquier forma es posible si se piensa como una especie de radiografÃa. Los cuerpos son poseÃdos por una lógica y el resto es un pacto misterioso pero infalible entre quien baila y quien observa.
Hay una idea de la obra que me llama la atención y que identifico como un posicionamiento. Si lo no marcado es hablar del mar, Virginia Rossi habla de nuestro mar. Hace hincapié en la memoria. El mar es un gigante desconocido, es misterioso y es indiferente porque es eterno. Al mismo tiempo, nuestro mar es Ãntimo aunque sea incógnito. Podemos reclamar la memoria que alberga.Â
Investigar un mecanismo es un procedimiento que en las artes del movimiento suele vincularse con los afectos. Buscamos las formas que surgen de una emoción, una imagen, un vÃnculo. En este caso, los cuerpos quedan al servicio de todos los mecanismos que componen la historia. El fluir del agua, los engranajes del submarino, pero también la red humana tan particular que implica una tripulación, retratada en su complicidad imprescindible.
