cine
En la corriente  | Por Camila Vittar


12/11/2025

Suyoocheon de de Hong Saa Soo

Por Camila Vittar
@camovittar

Guión, dirección, música, edición, producción y sonido: Hong Saa Soo. Elenco: Kim Minhee, Kwon Haehyo y Cho Yunhee. Funciones: En la Sala Lepoldo Lugones del Teatro San Martín (Av. Corrientes 1530), martes 11, miércoles 12 y jueves 13, a las 18; en el MALBA (Av. Figueroa Alcorta 3415), los viernes de noviembre, a las 20. Duración: 111 minutos.

En la corriente (Suyoocheon, 2024), una de las últimas películas del director surcoreano, llegó este mes a  las carteleras porteñas. Se proyecta en la Sala Leopoldo Lugones del Teatro San Martín y en el Malba. 

Una mujer dibuja junto a un arroyo. Se trata de Jeonim (Kim Minhee), artista textil y docente, quien recrea en sus obras los patrones del agua. Si los espectadores conocen los juegos de repetición y fragmentación propios del cine de Hong Saa Soo, pueden prever que esta imagen será reiterada a lo largo del film, presentando sutiles variaciones que marcarán el paso de los días. El río Han, lugar representativo de Seúl, atraviesa la historia de forma literal y simbólica, entrelazando tiempos y generaciones.

Enmarcado en el minimalismo asiático, el cine de Hong se caracteriza por su narrativa simple y planos prolongados. La obra condensa, además, rasgos autorales claves: espacios recurrentes (el bar, la universidad, el parque), repeticiones narrativas, conversaciones sobre el arte y el destino, y el encuentro entre dos personajes como motor del relato. 

El encuentro se da entre Jeonim, profesora en una universidad femenina de artes, y su tío Seion (Kwon Haehyo). En el marco de un festival teatral, Jeonim convoca a Seion, un actor semi retirado, a organizar un sketch con cuatro estudiantes en apenas diez días. El imprevisto surge de la reciente expulsión del profesor original, tras conocerse que mantenía relaciones amorosas con tres chicas del mismo curso. En ese contexto, Seion conoce a Jeong (Cho Yunhee), supervisora y amiga de Jeonim.

Durante la mayor parte de la película, los espectadores accedemos a la trama mediante Jeonim. Aunque intuímos que entre su tío y Jeong se construye un vínculo más íntimo, la cámara no los toma cuando se quedan a solas. La elipsis –otro recurso que el director maneja con agudeza– se reitera cuando el profesor que había sido expulsado aparece en la universidad, obstinado en conseguir la redención de una estudiante. Jeong le pide hablar en privado y los dos hombres desaparecen del cuadro. Del diálogo sólo tenemos indicios: sabemos que en su juventud, Jeong fue “cancelado” por un conflicto con la crítica y que también estuvo ligado a una infidelidad. El profesor podría ser cualquier personaje masculino del universo de Hong, mientras que Jeong representa una versión más madura de esa figura; alguien que ya experimentó el error y ahora tiene una segunda oportunidad.

Mostrandolos en su individualidad, Hong deja existir a sus personajes, pero también los deja escapar de la cámara. Los espectadores debemos imaginar la información faltante. En ese desafío, reluce la complejidad humana. Reducir una persona a una imagen parece imposible, acaso también indeseable. 

Hacia el final llega una de las escenas más logradas. Después de presentar el sketch, Seion celebra con las estudiantes en un bar. Él propone un juego: que digan quién quisieran ser a través de un poema improvisado. Entre risas nerviosas, lágrimas y un plano fijo que sostiene la intimidad, cada una se abre, compartiendo el anhelo del amor y de lo verdadero. Voy a encender la lámpara más pequeña del rincón y la protegeré para no olvidar que soy humana, formula la última de ellas. La imagen remite a una escena previa, donde las estudiantes se reúnen alrededor de una linterna para conversar. La luz –también podría ser el fuego– evoca lo humano, porque ¿no es lo humano aquella pulsión por dotar de sentido al mundo mediante las historias y el encuentro con otros?En Oki’s Movie (2010), otro título del prolífico Hong, el protagonista afirmar desear para sus películas “la complejidad de un ser vivo”. En eso pensaba: el tratamiento perspicaz, sensible, que acoge lo humano. Si una película no puede (no debe) ser reducida a un tema, tampoco una persona. Como los afluentes del río Han, los personajes se bifurcan, vuelven sobre sí, se cuelan por lugares inesperados. Se permiten cambiar de rumbo: ahí está la sorpresa.



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