20/09/2026
Por Giovanna Cirianni
@giovigeraldina
Idea: Rodrigo Diaz Ahl, Astrid Gomez Grosschadl. Dirección: Astrid Gomez Grosschadl. Performers: Josefina Imfeld, Manuela Piqué. Creación: Rodrigo Diaz Ahl, Astrid Gomez Grosschadl, Josefina Imfeld, Macarena Orueta, Manuela Piqué. EscenografÃa: Rodrigo Diaz Ahl. Iluminación: Alejandro Parente. Diseño De Sonido: Pol Nada. Asistencia de dirección: Macarena Orueta. Funciones: Viernes 21:30 horas. Duración: 45 minutos. Sala: Fundación Cazadores (Villarroel 1440, CABA). Entradas por Alternativa Teatral.
En su libro, El origen de la danza, el escritor Pascal Quignard reflexiona sobre un tipo de movimiento primigenio, anterior a cualquier forma organizada, anterior al nacimiento mismo, reconocible desde el útero materno. Astrid Gómez Grosschadl y Rodrigo DÃaz Ahl parten de esta premisa para montar dos cuerpos en escena que luchan por permanecer, pero también por volver a una forma no intervenida. Dichos cuerpos los encarnan Manuela Piqué y Josefina Imfeld, asimiladas desde el vestuario como dos fuerzas anónimas que sostienen, colapsan y se interrelacionan.
La primera escena me evoca la contemplación de un colapso. Ambas intérpretes adoptan posturas que me remiten a algunos videos de consumidores de fentanilo. Me hace sentido lo poco que he investigado sobre el tema: un sistema nervioso que se desconecta y se mantiene en pie casi por milagro. Un lento derrumbe ante el peso de una forma impostada. La propuesta es un viaje de regreso al origen, el paso de una naturaleza muerta a una naturaleza viva.
Corroboro la idea de naturaleza muerta con la escenografÃa instalativa del primer cuadro. Ambos cuerpos, cada uno en una esquina opuesta de la sala superior de Fundación Cazadores (dispuesta para esta obra en 360 grados), sostienen ramas y lana que podrÃamos caracterizar como restos muertos de cuerpos vivos. Por el peso de estos restos o por el peso de la gravedad, la forma es sostenida hasta un colapso inevitable. Después de una escena inaugural larga y contemplativa se abre una pregunta interesante: ¿Cómo se remonta del colapso?






La respuesta se va revelando desde el cuerpo mismo, como una nueva fuerza inevitable. Resulta que el colapso de la forma no es el final del movimiento, sino el principio. Es la liberación de las imposiciones externas lo que permite volver a ese origen que busca Quignard: hay que olvidar, renunciar, perder, desobedecer, desvincularse. Después renacer, o simplemente nacer.
La obra dialoga Ãntimamente con los objetos y este punto de quiebre narrativo no es la excepción. Ambas intérpretes renacen de una suerte de crisálidas. Eclosionan y a la vez se despojan. Abandonan los zapatos, recorren más su propia piel, tocan el pasto. La relación con la naturaleza viva, con el imaginario del campo, con sus propios cuerpos, desbloquea también un nuevo vÃnculo con el otro. Dos cuerpos que habÃan iniciado igualmente oprimidos y desconectados, logran dar la vuelta.
Hace unos dÃas vi Naturaleza muerta resucitando, un óleo de Remedios Varo fechado en el año de su muerte. Luego de pensar lo mucho que me gusta el nombre de ese concepto, pensé en la genialidad esotérica y surrealista de Varo. Y quizá por eso me pareció tan natural pensar Olviden el ritmo en términos similares. La resurrección de la naturaleza muerta, el camino del cuerpo por liberarse de lo muerto y asimilarse de una vez por todas, quizá de un modo paradójico, a la naturaleza viva.
