26/01/2026
Entrevista a Juan Marinelli y Nicolás Manikis
Por Camila Florencia Pérez
@eclecticismo_
Proyecto Jacobino es una banda oriunda del sur de la Ciudad de Buenos Aires, integrada por Nicolás Manikis (guitarra y voz), Juan Marinelli (guitarra y sintetizador), Jota Malena De Amicis (bajo), Baltazar Brcik (batería) e Ivan Kovaks (guitarra y sintetizador). La idea del grupo surgió en 2020, como parte de una cantidad de propuestas musicales que hoy podemos hipotetizar que fueron parte del efecto pandemia, que convocó a las personas a buscar diferentes ideas y formas para encauzar la creatividad y la impotencia provocada por un mundo hiperconectado y controlado por las lógicas de la “big data”.
Después del lanzamiento de su primer disco en 2021 (Jacobino Mon Amour), presentaron, durante el 2025, su segundo álbum, titulado Contenido, mientras preparan el tercero para este año. Con influencias que van desde Daft Punk y Tame Impala hasta Babasónicos y Miranda!, Proyecto Jacobino se destaca por una voracidad estética que los ha impulsado a mezclar diferentes estilos, incluyendo en sus canciones elementos del rock y el pop pero también de carácter sinfónico, bajo el espectro que ellos mismos han nombrado “nacionalismo psicodélico”. A partir de estos elementos, Proyecto Jacobino hace posible algo poco habitual en este mundo asediado por el scrolleo constante, la repetición y el sentimiento de que todo ya está hecho, que es la experiencia de sentir que uno está escuchando algo diferente a todo lo demás.
Desde Revista Replicantes, conversamos con Juan Marinelli y Nicolás Manikis sobre el lugar de las redes sociales en la actualidad y los desafíos que plantean para el arte, así como sus conceptos sobre la cultura y la potencialidad y el significado de lo queer para ésta, en medio del contexto estandarizante al que nos subsume la lógica de un presente hiperproductivo.

En el último disco hay una crítica bastante fuerte a las redes sociales (sus usos, sus efectos, etc.), ¿cómo ven ese tema?
Juan: La crítica que intentamos hacer a las redes, que tiene sobre todo la intención de abrir un debate, es que si bien han acortado distancias (por ejemplo, con personas que viven lejos), vemos como problemática la lógica con la que se manejan, que es la de convertir todo en plata. O sea, el tiempo que pasamos en las redes es lo que permite extraer la información que se vende a empresas que la utilizan para después insertarnos publicidad continuamente en nuestros dispositivos. Entonces, hay una discusión ahí que no va por el lado del idealismo de “vamos a mirarnos todos a los ojos cuando hablemos”, sino que tiene que ver con el mecanismo capitalista que es intrínseco a las redes sociales, que es el que implica el “big data” con el que se termina operando en resultados electorales, de consumo, etc. Eso no quiere decir que no estemos en redes, o que no la consideremos una herramienta valiosa y necesaria para trabajar, es decir, no es que nos vamos a poner en la postura de no usar Instagram, por ejemplo. Pero nos interesa abrir un debate sobre el uso de las redes en relación a sus consecuencias en lo político y lo económico.
Nicolás: Claro, una vez hecho el análisis del que hablaba Juani recién, y también entendiendo que las redes sociales y el uso del teléfono se volvió ya un narcótico, por esta cosa adictiva que hace que no nos banquemos mucho más que un rato sin usar el celular, incluso cuando estamos viendo una película, un recital, etc., el punto está en ver qué lugar le querés dar a esa herramienta y, sobre todo, qué tanto vas a creerle a lo que aparece ahí. Igual, también creemos que estamos en camino a la desconexión masiva… que en algún momento se va a dar vuelta la cosa y la gente va a estar completamente asqueada de las redes sociales.

¿Cómo fue surgiendo la banda? ¿Cómo apareció el nombre (la idea de «proyecto», la apelación a lo jacobino)?
Juan: Lo de “Proyecto Jacobino” está desde el inicio de la banda y tiene que ver con varias cosas. Primero está esta idea de “proyecto”, que significa darle relevancia al componente colectivo que implica todo proyecto. Además, la nomenclatura que elegimos tiene también como objetivo ser un nombre que casi que sí o sí lo tenés que tomar todo junto, o sea, no te habilita mucho a recortarlo, como pasa a veces con los nombres de las bandas… nosotros queríamos desde el inicio diferenciarnos hasta desde el nombre. Y lo de jacobino es una apelación histórica pero también actitudinal… hay una frase que está muy buena que dice que toda revolución necesita de sus jacobinos, es decir, hay un punto en que toda contestación o actitud confrontativa tiene que ir a fondo y romper con el sistema y con todo lo que está planteado y configurado. A nosotros hay cosas que no nos gustan y que las queremos cambiar, somos jacobinos porque vamos a fondo con eso.
Nicolás: Y lo de hacer resistencia y formar un movimiento también es algo que puede pensarse hacia el interior de la música, o sea, estamos en un momento en el cual muchas bandas están siendo traccionadas hacia un lugar en común que termina siendo alienante. La música tiene que ser un lugar que te lleva a nuevos mundos, a nuevos pensamientos, y cuando escuchas bandas, o vas a un show donde hay varias bandas, y la quinta que toca es igual a la primera, siento que es como estar en tu casa viendo TikTok. De hecho, en este sentido, el otro día lo escuchaba a Adrián Dárgelos decir que uno va a un show a ver a un superhéroe, no a quien uno ve en su casa hacer lo que ya sabe que va a hacer. Hay algo jacobino en eso también: en ver algo que transforma y que es inesperado.
Claro, sería querer comprar una entrada a la incertidumbre o a lo desconocido…
Juan: Sí, es que si lo das vuelta y lo pensás como espectador, me gusta la idea de comprarme una entrada para algo en lo que no sé qué es lo que va a pasar. Sino es como ir al cine a ver una película que ya sé cómo termina – que igual también está de moda ahora, que vuelven todas las películas viejas a las carteleras, se hacen remakes o live action de lo que ya se hizo antes, etc. Nosotros estamos tratando de hacer nuestra vanguardia o nuestra contracultura, desde el lugar que podamos pero con estas ideas, que no son contra nadie en particular sino contra cierto modo de hacer las cosas.
¿Qué creen que es el arte?
Nicolás: Primero habría que decir que, para nosotros, el arte no es un hobbie, o sea, lo vemos como un trabajo y no como un pasatiempo. Pero, más allá de eso, el arte es la historia del mundo y lo que va a quedar de la humanidad. Es algo que te salva la vida, para mí nada tiene sentido sin la música.
Juan: No hay avance tecnológico, ni corriente política, ni ideología reaccionaria que pueda tapar lo que el arte hace por la vida de las personas. Siempre está mucho esa cosa de que la historia la escriben los que la ganan, y con el arte pasa lo contrario: muchos de los grandes artistas de la historia murieron en la pobreza y, sin embargo, trascendieron como las grandes mentes que fueron.

¿Creen que la música debería cumplir un rol social? ¿Cuál?
Nicolás: Yo creo que no es que la música tiene que cumplir necesariamente un rol porque si bien nosotros en nuestras canciones expresamos un deseo de cómo nos gustaría que cambiaran las cosas, o una manifestación de cómo no nos gustan, también consumimos un montón de música que simplemente es divertida y ya. Hay un montón de discos que no tienen un manifiesto crítico hacia el mundo y el sistema y que a mí me encantan. Me parece que lo importante, en línea también con lo que veníamos hablando antes, es que cada uno pueda permitirse que la música lo penetre y, siendo músico, también dejar que eso pase sin saber a quién le va a entrar y cómo. Pasa, por ejemplo, con Miranda!, que es una banda que no se reivindica a sí misma como una banda de rock, pero en un gran sentido lo es, por lo contestatario, lo vanguardista, que hay en su postura y su construcción a lo largo de su trayectoria.
Juan: Es que creo que la cuestión es que si la música tiene un rol que cumplir, eso se lo asigna quien la escucha y, en todo caso, el lugar del artista está en permitir esa apertura. Nosotros podemos manifestar un montón de deseos, de flechas políticas, estéticas, sonoras, pero después depende de cada uno cómo lo recibe – sobre todo en estos momentos en que estamos tan atomizados en nuestros algoritmos y todo lo que eso implica.
¿Consideran que Proyecto Jacobino es una banda queer?
Nicolás: La verdad que yo no me siento cómo diciendo que somos una banda queer… o sea, siento que es agarrar una bandera de una manera en la que no me cierra. Si bien entre quienes la integramos dos somos bisexuales y una de las chicas es una chica trans, o sea, hay elementos para decir que lo somos, me pregunto cuál es el punto de agarrar eso como una estrategia, ¿me explico? Pero, por otro lado, sí vemos y hablamos que está sucediendo algo problemático, que es que en los festivales y line-ups, no suelen aparecer bandas en las que haya personas trans y queer y, sobre todo, no aparece una postura relacionada a eso. Percibimos que hay un regreso a la “perfo paki” del chabón con jeans y rock and roll y qué sé yo… si bien son bandas a las que voy a ver y no digo que no hay que ir a verlas, creo que está bueno identificar que, en las bandas, esa postura aparece o está representada y lo otro no tanto.
Juan: Creo que hay algo muy interesante de esta pregunta que es pensar, por un lado, lo queer como un capital y, por el otro, lo queer como algo que te resta. Porque, por un lado, están los artistas mainstream, como Harry Styles, que levantan esa bandera pero desde un lugar que se siente impostado y, por el otro, están las bandas de chabones de las que hablábamos, de las que podría uno criticar esa “perfo” pero que, en contraposición a músicos como el que nombraba recién, uno podría reconocer que son genuinos. Lo que pasa es que hay que reconocer que quienes adoptan la postura paki, en un contexto donde hay tanto discurso homofóbico (por ejemplo, de parte del presidente) y lo queer solo aparece si le da rédito a alguna empresa, la tienen más fácil que los que no… Además, es una postura que termina siendo alienante, estandarizante, porque después lo que derrama de eso son un montón de banditas de chabones que quieren sonar igual, verse igual, etc. En ese sentido, y en otros también, la postura queer es una postura de resistencia, que permite explorar otras cosas (por eso, por ejemplo, Miranda! o Lali son artistas queers aunque sean heterosexuales y cis y no lo oculten) y reivindicar una lucha que te excede y sin hacerlo de manera forzada, o sea, como una impostura como la que aparece cuando se hace de la mano de alguna empresa. De hecho, más allá de lo queer, es algo que pasa con otros reclamos también: podríamos decir que Proyecto Jacobino es una banda antifascista, que reivindicamos a las Madres de Plaza de Mayo, que defendemos al pueblo de Palestina, etc., pero no vamos a estar haciendo todo el tiempo una bandera de eso, sino que, a lo sumo, convocamos a la gente a que venga y lo averigüe, que haga su propia experiencia, en vez de dárselo como cebo, como algo ya procesado y masticado.
Nicolás: Además, caer en estas categorizaciones corre el riesgo de terminar haciendo una segmentación del público, que sea expulsivo, y que atente contra lo que hablábamos antes del artista como aquel que abre una puerta para que quien escucha deje que la música penetre en su vida de alguna manera.

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