letras
Una habitación llena de mujeres tristes. Prólogo | Por Lucian Abecasis


14/09/2026

Prólogo: “Sad girl is over”

Por Lucian Abecasis
@lucianasterion

Abrimos la puerta y vemos que la habitación está llena.

En un rincón una mujer canta al amor. En otro, una poeta escribe sobre el silencio. En otro una golpea una batería. Otra grita pidiendo que las chicas se acerquen al frente. Algunas de ellas están furiosas, otras ensimismadas. Varias muertas. 

En su ensayo de 1929, Una habitación propia, Virginia Woolf se preguntaba qué necesitaba una mujer para poder escribir. Su respuesta era bastante concreta. Una mujer primero tenía que contar con las condiciones materiales que le permitieran no depender de los demás para subsistir. Solo alcanzando cierta independencia económica podría disponer del tiempo y la libertad de pensar y escribir por sí misma. Y segundo, necesitaba un lugar donde cerrar la puerta y poder aislarse de las obligaciones ajenas. Para que una mujer pudiera ser artista, Woolf pedía una habitación propia

 Y así las mujeres escriben y cantan, componen, bailan, gritan. Y nosotros las llamamos locas o tristes y cerramos la puerta de la habitación con ellas adentro.

Class of 2013 es la canción que cierra “Retired from Sad, New Career in Business”, el segundo álbum de estudio de (de pie, sáficas) Mitski. Es de mis canciones favoritas y, a su vez, de los temas más tristes que escuché, compitiendo cabeza a cabeza con Construção de Chico Buarque y Strange Fruit de Billie Holiday. En el disco, Class of 2013 es armónicamente sencilla y en general bastante convencional: un piano limpio tocando un I-V-VI-IV en Do mayor y la voz por encima, sin demasiadas variaciones. La letra es, por supuesto, devastadora, pero en su versión original suena hasta liviana, un poco juguetona incluso. Es una canción y punto. Pero en vivo la cosa cambia drásticamente, puntualmente en su interpretación para Audiotree Live de 2015. 

Con los últimos acordes de I Don’t Smoke todavía en el aire (otro temazo, dicho sea de paso) Mitski rasga la guitarra hacia abajo, sin tocar nada con la mano izquierda. Las cuerdas crujen sueltas, sin formar ningún acorde, y su sonido inunda de a poco la habitación. Entonces se saca la guitarra y la apoya en el pie. La deja sonando. Mucha distorsión, ninguna figura rítmica. Sin siquiera tenerla encima deja que el sonido invada el espacio y se empiece a apagar naturalmente. Recién ahí, acaricia las cuerdas con el dedo índice, como si fuera un gato que juga con ellas, y empieza a cantar con la voz temblorosa, el micrófono pegado a la boca:

Mom, I’m tired
Can I sleep in your house tonight?
Mom, is it alright
If I stay for a year or two?

La letra habla sobre una regresión. Es una adulta pidiéndole a la madre permiso para volver a vivir con ella. 

Mom, I’ll be quiet
It would be just to sleep at night
And I’ll leave once I figure out
How to pay for my own life too

Cada vez que pasa el dedo por la guitarra se va metiendo más feedback, el sonido sale del amplificador y vuelve a entrar por la guitarra. Se amplifica a sí mismo. Empieza como algo pequeño y termina siendo inmanejable, empieza a acoplar. Mitski se agacha, le grita directamente al pickup de la guitarra:

Mom, would you wash my back?
This once, and then we can forget
And I’ll leave what I’m chasing
For the other girls to pursue
Mom, am I still young?
Can I dream for a few months more?

No es solamente una canción sobre volver a la casa de mamá. Mitski promete ser silenciosa, promete ocupar poco espacio, casi que promete desaparecer. Hay una humillación en esa vuelta, una derrota en la forma en la que pide refugio. No está pidiendo solamente que la cuiden. Vuelve a su madre, al lugar del que salió, para pedirle permiso para fracasar aunque sea por un rato. Y se aferra a ese rato con su vida. Cuando pregunta ¿todavía soy joven?, la pregunta esconde otra bastante más cruel: ¿todavía tengo tiempo para no haber llegado a ningún lado?. La tristeza de esta versión de Class of 2013 no está solamente en lo que la canción dice con palabras, está en cómo Mitski elige interpretarla. Está versión no ocupa poco espacio, todo lo contrario. Ella grita la letra de una forma desgarradora, hace ruido sin seguir casi ninguna regla. Se entrega al desorden con la desesperación de alguien que está viendo su propio fracaso a los ojos. 

Para buena parte del público que la sigue o simplemente la conoce, esa tristeza es un factor constitutivo de su obra artística. El consenso general es que Mitski hace “música de chicas tristes”. Tan difundida está esta idea que es hasta un meme dentro de su fandom decir que “las verdaderas fans de Mitski no escuchan su música” porque hacerlo las llevaría indefectiblemente a un pozo depresivo.

Y ojo, en parte las entiendo: sus canciones me destruyen completamente. Mitski tiene una manera de meterse debajo de mi piel que he experimentado con pocas artistas, de la mayoría de las cuales hablaré en este ensayo. Mitski tiene una forma muy precisa de transmitir imágenes que le hablan a la soledad, a su (nuestro) vacío. Hay canciones de ella que no puedo escuchar sin largarme a llorar, canciones que evito escuchar en presencia de alguien más porque desnudan mis miserias más profundas. Pero sentenciar que Mitski hace “sad girl music” es un poquito reduccionista.

«Sad girl is over» – Mitski reacciona a publicaciones sobre ella en Crack megazine | Mirá el video acá.

No es que reniegue de la tristeza en su música. Sería muy difícil hacerlo. Decididamente, Mitski es buenísima metiendo el dedo en emociones incómodas y no parece particularmente interesada en dejar de hacerlo tampoco. Lo que hace ruido es el concepto de “sad girl” en sí mismo, la idea de que la tristeza es una etiqueta capaz de tragarse todo lo demás. 

Me resulta particularmente gracioso que Class of 2013, mi candidata a canción más triste, esté en el mismo álbum que Strawberry Blond, que es posiblemente una de las canciones más tiernas de Mitski.

Tiene un sonido medio country que me hace sentir el sol en la cara y me dan ganas de saltar por un campo agarrada del brazo con la persona que me gusta tirando flores al aire. La letra arranca diciendo “Amo a todo el mundo porque te amo a vos”, no hay foto más nítida de la felicidad. Aunque también, hay que admitir, tiene su pequeña cuota de tristeza o, mejor dicho, añoranza, si vamos a ser precisas, como para empezar a salirnos del paraguas de la tristeza que tanto nos limita. Pero incluso cuando sólo hay una pincelada de añoranza en una pintura de un prado lleno de margaritas, nadie sentencia después de escuchar Strawberry Blond que Mitski es una artista romántica o feliz. Y no es que esta fuera su única canción “feliz”. Sucede lo mismo con Heaven, de su anteúltimo disco:

Curving about you as I sip on the rest
Of the coffee you left, a kiss left of you

El Cielo como los rastros cotidianos que alguien deja en tu casa. Quizás en Heaven la felicidad no sea tan explícita como lo es en Strawberry Blond, pero vemos intimidad, domesticidad, deseo de permanencia. ¿No es acaso eso felicidad? Además, por favor, ¿CÓMO VAS A ESCRIBIR “mientras sorbo el resto del café que dejaste, un beso tuyo que ahí quedó”? ¡Tenés que cerrar el estudio! Temazo. 

Eso es lo que sucede con Mitski: cartas de amor desesperadas, abandono, autodestrucción, intimidad, melancolía, ternura… toda esa complejidad emocional aplanada bajo una sola palabra. Un universo afectivo reducido a una tristeza, pero es una tristeza que se desprende de la obra y se pega como petróleo al cuerpo de la mujer que la hizo. Es más cómodo para el mundo cerrar la puerta y dejar toda esa complejidad encerrada bajo una misma categoría. Y Mitski, por supuesto, no es la primera ni la única a la que la tristeza le quedó pegada, hay toda una genealogía de mujeres cuyas obras fueron leídas como síntomas de quienes eran. Demasiado sensibles, demasiado melancólicas, demasiado inestables, demasiado. Mujeres distintas, obras distintas, épocas distintas, todas encerradas dentro de una misma habitación.

Sobre Lucian Abecasis

Nació en la Provincia de Buenos Aires en 1994. Escribe desde chica y mantiene un vínculo con la música desde la infancia. Estudió Canto en la Escuela de Música Popular de Avellaneda, y también toca la guitarra y la batería. Actualmente cursa Artes de la Escritura en la Universidad Nacional de las Artes.

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