teatro
A orillas de sí misma | Por Clara Vicentín Schulze


Clara Vicentín Schulze
@claravicentinsch

Dramaturgia textual y sonora: Marcelo Katz, Verónica Grande y Ciro Zorzoli. Dirección: Ciro Zorzoli. Basada en: la novela Arroyo (Marciana, 2021), de Susana Pampín. Intérpretes: Cecilia Ursi, Emilia Ladogana, Eugenia López, Fernando Morales, Fiamma Carranza Macchi, Gastón Guanziroli, Guadalupe Otheguy, Ignacio Torres, Jonás Elfenbaum, Juan Manuel López Baio, Julián Cardoso, Julián Chertkoff, Luciano Kaczer, Maite Mosquera, Marcela Guerty, Natalia Tencer, Roberta Blázquez Caló y Valentina Remenik. Escenografía/visual: Cecilia Zuvialde. Luces: Eli Sirlin. Sonido: Ernesto Fara y Aníbal Tonianez. Producción: Juan Doumecq. Asistencia artística: Victoria Béhèran. Coproducción: CETC y Paraíso Club. Sala: Centro de Experimentación del Teatro Colón (Viamonte 1168, CABA). Duración: 90 minutos.

¿De cuántas maneras se puede contar una historia? En un híbrido polifónico, Ciro Zorzoli nos sumerge en la historia de una mujer en un viaje que dura quince años. La obra parte de Arroyo, la novela que Susana Pampín publicó en 2021, y hereda de ella su forma: un diario. De ahí la enunciación de fechas que organiza la pieza (diez escenas, una por cada capítulo) y que nos ancla en tiempo y espacio en el Delta, donde transcurre la vida y la obra de una escritora que vuelve a las islas temporada tras temporada. Cada regreso suspende lo que la ata a la ciudad y la entrega al agua, a la siesta, a las tormentas. Zorzoli llegó al teatro desde la música, y hace décadas dirige como quien compone: en sus puestas, el modo en que suena una palabra pesa tanto como lo que dice. Trae consigo un largo oficio de trabajo en conjunto, el que forjó con el grupo La Fronda y sostuvo en piezas como Estado de ira. A orillas de sí misma es, sin disimulo, un experimento: volver instrumento a la voz que habla y hacer de la mezcla de sonidos una manera de narrar. La coproducen el Centro de Experimentación del Teatro Colón (CETC) y Paraíso Club. El dispositivo seduce. Con voces y unos pocos instrumentos se construye el entorno donde la protagonista narra, en primera persona, fragmentos de su vida, y nos lleva con ella en su canoa del recuerdo. La voz que en la novela era una sola acá se reparte y se multiplica: dieciocho intérpretes hacen coro a su alrededor y, coreográficamente, encarnan el runrún incesante que le suena por dentro. La obra transcurre en el escenario experimental del Teatro Colón, un espacio amplio y abierto, en forma de foso, que les permite jugar con la espacialidad. Se deslizan dentro y fuera del escenario, dentro y fuera de la vista del espectador, y ocupan incluso los costados de la platea. Se mueven, con sus luces, como luciérnagas en la penumbra. Las voces pululan alrededor de su narradora y aparecen solo en el momento exacto, desde el punto más recóndito de la sala. Este juego de sombras deja al espectador intuir escenas que quedan fuera de la vista y percibir sonidos que se mezclan entre humanos y animales, familiares y amenazadores. Como si nos internáramos, por una hora y media, en lo más profundo de la selva de las islas. Mientras tanto, el piano espesa la escena, la cubre con un terciopelo suave como la humedad pegajosa de diciembre en el Tigre. Acompaña al personaje en cada zambullida de sus recuerdos, mientras las voces de sus compañeros la interpelan, la corrigen, la contradicen. El piano acompaña. La obra tiene un ritmo particular, un ritmo que invita a entrar en un trance y volver en sí a tiempo. La tensión se sostiene tirante de principio a fin. Zorzoli teje esa tensión con todos los recursos nombrados, pero es, principalmente, el carácter colectivo del proyecto lo que la produce: las tantas voces y los tantos cuerpos entretejidos en escena, la obra hecha entre muchos. Una pieza en la que son dieciocho en escena para representar la multiplicidad del interior, la colectividad externa e interna. Toda la obra insiste en que lo artístico es, antes que nada, colectivo.

A orillas de sí misma se presenta en el Centro de Experimentación del Teatro Colón (Viamonte 1168) hasta el 29 de julio: sábados y domingos a las 17 y martes y miércoles a las 20.30.



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