teatro
Prácticas del desastre: el oficio de hacerse daño | Por JMR


Escombros. Embestir y botar

Por Javiera Miranda Riquelme
@javieramirandariq

Dramaturgia: Gonzalo Peluso, Rosa Rivoira, Marco Spaggiari. Dirección: Gonzalo Peluso. Actúan: Rosa Rivoira, Marco Spaggiari. Diseño De Iluminación: Alejandro Rodas. Fotografía: Martín Pisotti. Asistencia de dirección: Neftali Duarte. Producción: Vera Vera Teatro, Ignacio Arias, Agustina Castaños, Juan Pablo Labonia, Laura Manganelli Zuviri, Franco Speranza. Sala: Vera Vera Teatro (Vera 108, CABA). Duración: 50 minutos. Funciones: Viernes a las 22:30 horas. Entradas por Alternativa Teatral.

Un desastre. Ella y él, como escombros, están tirados en el suelo. Cuerpos que simulan estar quebrados, gastados y agotados por el uso forman un montón de carnes y huesos pesados, derrumbados como escombros uno arriba del otro. Tratan de erguirse, pero primero deben luchar con el pegoteo, con la adherencia del propio cuerpo al cuerpo del otro. Ella exhala, y el pecho y las costillas se le hunden como si no encontraran fondo. Luego, la euforia de la práctica.

Uno es un toro y busca al otro para embestirlo, y repiten el procedimiento. El otro es un arquero y le lanza una flecha al uno. Vuelven a repetir el procedimiento. El corazón de ella late crudo sobre una mano. Eso también, seguramente, lo han repetido muchas veces, porque para tener un cierto oficio en algo hay que practicar, y la práctica requiere también series de repetición. Ellos repiten y practican, y tienen oficio en aplastar, en embestir, en clavar, en tener el corazón en la mano.

Prácticas del desastre es una obra dirigida por Gonzalo Peluso e interpretada por Rosa Rivoira y Marco Spaggiari, quienes representan a una expareja reunida en el taller de él, un artista visual, durante una noche llena de peligros en el interior y el exterior. El interior es un peligro porque saben hacerse daño. Ella, fotógrafa, le dice a él que no para de buscar una musa porque, si no, no puede pintar sobre el lienzo otra cosa que no sea el retrato de sí mismo. Él sabe que el lente y la captura es la pulsión de vida de ella, pere se refiere a su arte “las fotitos”. Ella comenta que hizo bien en no tener a su hijo. Él desliza que ella le gustaba más cuando tomaba antidepresivos. ¿Y en el exterior? El exterior es otro peligro. Hay estado de sitio y represión por el desenvolvimiento de un estilo social.

Y, sin embargo, quizá se aman porque después de todo, ella, en la profundidad de la escena como metáfora de su propia profundidad, canta una canción y él, del otro lado de la pared, se estremece.

Replicantes Revista entrevistó a Rosa Rivoira, Marco Spaggiari y Gonzalo Peluso sobre el proceso creativo de Prácticas del desastre, sobre la violencia y los vínculos y también algunas especulaciones ficcionales de la obra.

JMR: ¿Está ambientada en un futuro en el que caiga el gobierno de Milei o está ambientada en el 2001?

Marco Spaggiari: Me parece que la obra comenzó en un no-tiempo. Nosotros empezamos esta obra como una escena de diez minutos en un taller que hicimos acá, en Vera Vera Teatro, con Jorge Eiro. Esa escena tenía un teatro natural; me refiero a que tenía argentinismos, pero no pasaba en ningún espacio ni tiempo específico. Pero cuando convocamos con Rosa a Gonzalo Peluso para que nos dirigiera y así armar una dramaturgia más grande, empezaron a surgir estas cosas de la obra: ellos están encerrados en conflicto y también hay conflicto afuera del espacio donde ocurre la acción.

Rosa Rivoira: Sí, creo que la idea fue construir una historia de un futuro próximo inspirado en el 2001. La idea es que sea un mundo con tecnologías como los celulares, similar al mundo actual, pero en un momento de colapso y estallido social. Surgió así porque es algo que no sentimos lejano.

Marco: Como la obra lo dice: uno puede estar en el mejor momento de su vida, pero afuera, contradictoriamente, se puede estar cayendo todo.

Gonzalo Peluso: A mí me gusta que quede esa duda. Tranquilamente puede ser el 2001 porque hay estado de sitio, no se puede salir a determinada hora, hay saqueos y, de pronto, suena el teléfono celular. La duda está buena y, en nuestras cabezas, es un 2027 o un 2030. O sea, es como decir que estamos a pasitos de ese colapso.

Rosa: Sí, y se puede confundir con el 2001 porque, en cierta forma, uno puede pensar que los problemas sociales afuera siguen siendo los mismos.

JMR: ¿Qué lugar tenía el arte en la obra? No solo el arte que se puede ver en escena, sino también el arte como única pulsión de vida de los vínculos entre personajes.

Marco: Sobre el arte que se ve en el escenario, esas son todas obras mías. Son bocetos míos, son procesos de trabajo muy intensos, de momentos muy diferentes de mi vida y que jamás vieron la luz. Y cuando hacíamos la escena estaba todo muy pelado, el espacio estaba muy limpio. Y necesitábamos construir cómo era que vivía el chabón, mi personaje. ¿Cómo es su atelier, el quilombo de sus obras? Entonces traje todo ese material y terminó siendo una obra un poco interdisciplinaria. La danza está presente, y Rosa, además de ser actriz, baila y canta. Gonzalo también tuvo un pasado musical. Así que hay varias disciplinas.

Rosa: Cuando solo teníamos los primeros diez minutos de la primera escena y decidimos expandirla, nos interesó traer material de disciplinas que a nosotros se nos dieran bien. Así que nos pareció necesario traer un poco de nuestra propia pulsión de vida, como vos decís. La historia de los personajes se prestaba para eso. No es una trama ficcional donde metimos shows de talentos (risas), para nada. Estos son personajes que se dedican al arte y que ahí, es en ese mundo, en que ambos sí pueden encontrarse. En cambio, todo lo que estos personajes tienen por fuera del arte está más roto, es más doloroso.

JMR: Retomando el origen de la obra, ¿Cuál es la escena a partir de la cual se expande la obra?

Rosa: Está medio desperdigada. Gonzalo nos planteó que teníamos que buscarle pliegues, que son los lugares de donde uno podría tirar y expandir el material. Así que no es que hay una porción de obra que era la escena, sino que ese material se volvió poroso y expansivo.

JMR: O sea que en esa escena entonces ya estaba la tensión del vínculo de ambos personajes…

Gonzalo: Exacto. La característica principal que tenía esa escena era que el vínculo de ellos dos estaba mal. ¿Viste esos juegos para nenes con círculos o cuadrados que tienen que encastrar? Bueno, estos dos personajes no sabían cómo encastrar las formas que tenían disponibles. Ese problema ya se dejaba ver sin mucha información. En la actuación de esa escena se dejaba ver que era un vínculo que había existido, que tenían algo en común y que ahora ya no daba para más. Lo que no se sabía hasta entonces era por qué ella estaba ahí, qué hacían ahí los dos juntos y qué peligros había adentro y afuera. Pero era una escena en la que uno, de pronto, podía meter el ojo en la mirilla durante diez minutos que iban dejando pistas del contexto.

Marco: Claro, fue una escena que abrió muchas interrogantes dramatúrgicas. En este espacio, en Vera Vera, se entrena mucho desde la actuación. Y cuando tuvimos que expandir la escena a cincuenta, había que empezar a abrir la trama.

Rosa: Sí, y abrir la trama significó comenzar a encontrar pedazos rotos, restos. Restos de ese afecto, restos del dolor, restos de heridas. Encontramos en esa expansión retazos de un vínculo que, esta noche, la noche de la obra —y esto que voy a decir es una hipótesis—, es la última. Yo creo que ellos no se vuelven a ver más.

JMR: Eso el espectador no lo puede saber mirando la obra ni necesita saberlo tampoco. Lo digo, por una parte, para que ningún lector piense que esto es una especie de spoiler, pero, por otra, también porque me parece que la fuerza de la obra es el despliegue de este abanico de posibilidades de cómo hacerse daño. Dicho eso, ¿tú piensas que tu personaje se va y no vuelve más?

Rosa: Sí. Yo pienso o fantaseo con que esa noche algo con ella, en su mente, y prefiere salir a la calle, donde hay estado de sitio y represión, y correr el riesgo de que la detengan. Fantaseo con que prefiere salir que seguir ahí.

JMR: Te escucho y me parece plausible. No voy a justificar la represión (risas), pero hay una tendencia de ellos de ponerse en riesgo.

Gonzalo: Sí, ellos se ponen emocionalmente en riesgo entre ellos todo el tiempo. No solamente hay una forma positiva de llamar la atención del otro. También hay quien llama la atención de manera negativa, haciendo daño o dejándose hacer daño para que el resultado sea tener toda la atención del otro. Para copar al otro, para que el otro esté inundado de sentimientos en relación a uno, aunque esos sentimientos sean dañinos. Ellos dos se provocan para hacerse daño. Para hacer y dejarse herir.

Marco: El arte es el único momento en que hay mucha luz dentro de toda esa violencia.

Rosa: Sí, hay mucha luz en el arte que está presente en su relación, pero no es en lo único en lo que saben encontrarse. Ellos se encuentran en el arte, pero también saben encontrarse en la violencia. No es una violencia por desencuentro. Es una violencia por encuentro. Es una situación morbosa en la que cada uno dice: “No me quiero pelear más con vos, pero si dejo de pelearte te pierdo”.

JMR: Bueno, para tener práctica hay que repetir. Y practicar el desastre es repetir el desastre, una cierta dinámica para la que casi hay que tener método y oficio en la violencia.

Rosa: Sí, y en ese sentido también yo siempre la pienso a ella, a mi personaje, desde un lugar un poco más universal, como en un rol dentro de las relaciones heterosexuales. Yo creo que ella quiere mucho estar bien. Quiero mucho, mucho estar bien. Pero no le sale y no sabe por dónde buscarlo. La pienso como una persona de muchas carencias en un montón de sentidos, pero también con un mundo interno muy prolífico y artístico y fascinante. En la escena en la que canta y toca piano, ella muestra su profundidad, su conexión con ella misma, y se vuelve luminosa. ¡Y obvio que es mi momento preferido! Amo hacer esa escena. Su problema es que rebota en los lugares equivocados y creo que lo que vemos en la obra es que ella no sabe por dónde es la cosa, pero se da cuenta de que ahí, con él, no es, y que no puede seguir repitiendo las mismas prácticas, que son muchas. En escena se ven todas las formas que tienen ellos dos de menospreciarse, herirse y provocarse. Son muchas las formas de dañarse, pero ellos además saben bien cómo hacerlo.



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