Por Giovanna Cirianni
@giovigeraldina
Dramaturgia y dirección: Juan Andrés Romanazzi. Actúan: Paula Fernandez Mbarak, Ivan Moschner, Laura Silva. Vestuario y escenografía: Aje Roppongi, Mauricio Vila. Iluminación: Pablo Rojas. Pelucas y caracterización: Aje Roppongi. Diseño sonoro: Paula Vargas. Video: Clara Romanazzi. Fotografía: Clara Romanazzi. Diseño gráfico: Ramiro Valle. Asistencia de dirección: Maria Florencia Laborde. Producción: Carola Parra. Duración: 70 minutos. Sala: El Portón de Sánchez (Sánchez de Bustamante 1034, CABA). Entradas por Alternativa Teatral.
Tengo el privilegio de asistir a un estreno en un buen tiempo. El recinto es El portón de Sánchez, espacio donde más de una vez me he emocionado y sorprendido gratamente. La prensa de la obra me ha invitado anticipando que lo que estoy por ver es el inicio de una nueva trilogía por parte de este grupo de artistas. Me sorprende que haya más de una trilogía.
Resulta que el ciclo de obras previas de Juan Andrés Romanazzi se titula “De las veces que imagino” y comprende Las promesas (2019) y Los secretos (2021), siendo esta última merecedora de varios premios y selecciones en festivales. La dinámica del trabajo entre Romanazzi, Paula Fernandez Mbarak e Ivan Moschner se viene gestando desde 2010. No es menor, en la vorágine contemporánea, un grupo que se sostenga con éxito por más de quince años.
Las traiciones inaugura entonces una nueva trilogía: “De las veces que los mitos”. Ulises, Penélope y Helena aparecen en escena reinterpretados en un presente marcado por la precarización y todo lo que implica. Estos nombres asociados a una mitología heróica y real (en el sentido de realeza) se reconfiguran sorprendentemente cuando los encarnan personajes olvidados, casi insoportablemente mundanos.

Las dificultades contemporáneas, los rebusques para vivir y sobrevivir de un chofer de micro y la cuidadora de un baño público en la ruta van dando cuerpo a la historia. El trabajo aparece como ancla, como emprendimiento, pero también como cruz. Uno de los momentos desopilantes de la obra lo protagoniza nuestra Helena, una azafata desesperada por la imposibilidad de abandonar el trabajo. “¡Qué mierda el trabajo!”, grita una y otra vez, con absoluto dominio del tono y el tiempo humorístico. Nosotros reímos porque la entendemos. Es gracioso porque es verdad.
El trabajo de Romanazzi con la mitología griega se estrena con precisión, en un momento donde el público general se acerca a la Odisea de Nolan. Pero esta desmitificación teatral del mito nos revela el verdadero sentido de los clásicos, una posible explicación de su inmortalidad. El título nos da una pista. El amor, el dolor, el interés, las varias aristas desde donde nos relacionamos unos con otros se mantienen en el tiempo. Romanazzi comenta en entrevista con Tiempo Argentino, que la obra surgió de pensar dos arquetipos complementarios en toda historia: siempre hay alguien que espera y alguien que se va.
A esto se suma el infaltable elemento biográfico de quien escribe. El autor y director de Las traiciones es riojano, y le hereda a esta obra la irrupción del viaje en ruta como una realidad palpable.
La puesta se conforma de buenas decisiones que revelan la experiencia de este equipo. Desde un inicio impactante logrado solo con buen diseño sonoro y aros de luz, hasta el travestismo de los protagonistas, que va a jugar un rol en intervenir las dinámicas de poder entre los personajes.
Este estreno me inauguró dos expectativas. Por un lado, el estreno de Las despedidas, obra que va a cerrar la trilogía anterior del grupo. Y, por supuesto, los siguientes estrenos de “De las veces que los mitos”, donde estoy segura que habrá nuevas oportunidades de reír y llorar, a propósito de los clásicos.
