cine
Hojas Secas | Por Gaspar Homps


18/07/2026

Gaspar Homps
@gasparhompsoficial

Entré a esta película sabiendo que me iba a gustar. Mediante letterboxd descubrí que la película la repudió uno de los “críticos” (o al menos así es su alias de internet, yo personalmente lo catalogaría más de analista) de cine con los que menos coincido, y a la vez estuvo entre las películas favoritas del año de una de las que más respeto. El crítico que no respeto la llamó una película “salvapantallas” y, conociendo el gusto que tiene su clase de cinéfilo (que parecerían querer que todas las películas se parezcan entre sí), instantáneamente me llamó la atención. Porque que una película sea “salvapantalla” implica que sea larga, que tenga poca trama, y que pase su tiempo con planos fijos y largos de paisajes algo abstractos. Quizás el crítico y yo discrepemos de si eso es algo bueno o malo. El gran hecho que destaca a la película es que está filmada en 140p con un teléfono Sony Ericsson W595. Muchas películas hechas con cámaras digitales primitivas de la infancia de la era digital aprovechan las posibilidades de filmar mucho que trae el digital y por algún motivo terminan por descuidar el encuadre, o pensar que implica un look más “casero” y por lo tanto peor. La misma tendencia hay con la cámara de vídeo hoy en día por aquellos que la usan pensando que implica “cámara vieja”, sin siquiera saber que muchas cámaras anteriores a las de vídeo eran infinitamente mejores. Se utiliza el vídeo como la idea abstracta de la “imagen antigua”, las cámaras antes de las full-frame y las cámaras de iPhone. Bueno, entonces ¿qué pasaría si alguien, utilizando estas cámaras de vídeo híper primitivas pensara en planos? Indudablemente hay muchos ejemplos anteriores, incluso usando estas cámaras como decisión estética y no de producción. Pero ninguna es como Hojas Secas (quizás la otra película de Koberidze hecha con esta misma cámara lo sea, pero no la vi).

Dos hombres, uno visible y uno invisible, parten viaje en busca de una chica, Lisa, que desapareció dejando detrás solo una carta. De ella saben que posiblemente haya partido para fotografiar canchas de futbol de pueblos pequeños de Georgia. Parten a esos pueblos a buscarla. Su viaje está inicialmente definido por la constante de los arcos de futbol que Lisa posiblemente se cruzó en su propio viaje, y a medida que la película se va abriendo y la idea de trama va desapareciendo más hacia la mitad, menos y menos se ven los arcos de futbol. Menos y menos preguntan por ella y su viaje deja de ser acerca de la búsqueda y comienza a ser acerca del viaje, del camino, de probar cosas distintas con esta extraña cámara que poco puede ver pero que bastante sabe. Luego, a medida van apareciendo más y más arcos, la película se vuelve a ligar lentamente a su trama, cerrando el viaje con la frase pronunciada por el niño invisible, que responde a la pregunta de adónde juega al futbol, ahora que sacaron la cancha de su pueblo: “en todos lados”.

La cámara en Hojas Secas está por todos lados, pero no deja de pensar absoluta y totalmente en el encuadre. Inexplicablemente la cámara está montada en un trípode (y uso la palabra “inexplicable” en términos de producción, en el sentido de que no entiendo cómo se montó el celu en un trípode), y durante toda la película se trata a la Sony Ericsson como si fuera una cámara de cine. Lo hermoso del film es ver de qué modo una cámara tan primitiva interpreta ciertas imágenes, cómo genera imágenes que no fue fabricada para hacer. En un paneo simple que sigue al protagonista vemos como la cámara expone automáticamente y deja el plano en oscuridad. Mientras tanto la cámara nunca deja de seguir a la persona, como si siguiera igual de visible. O, por ejemplo, en un plano con un arroyo que se mueve turbulenta pero constantemente, en el que el detalle del agua se ve solamente durante los fotogramas i, y no durante los fotogramas p. Una imagen que se abstrae de tal forma que llega a ser solo formas en movimiento que nosotros sabemos interpretar como personas y autos y flores. En el momento más audaz del film se hace un zoom digital y la imagen se reduce a seis píxeles borrosos que se mezclan entre si. Seis píxeles que, por cómo funciona la cámara, bailan infinitamente. Y que luego se funden a otros seis píxeles que siguen bailando y cambiando. Zoom out, cambió el plano.



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