21/09/2026
Por Javiera Miranda Riquelme
@javieramirandariq
La novela más cariñosa que he leÃdo este año es la que también me dejó con mucho resentimiento.
Homo Ludens (Emecé, 2026), la última novela de Patricio Rago, gira alrededor del hockey, la vida de club y una banda de amigos cuya historia se construye entre partidos, entrenamientos, viajes, asados, vestuarios y terceros tiempos. A través de esas experiencias, la novela reconstruye vÃnculos, anécdotas, anécdotas y anécdotas. Pérdidas, triunfos. Recuerdos compartidos a lo largo de los años.
Reà con la sucesión de los capÃtulos y estaba segura que iba a escribir en torno a la oralidad de las partes escritas cómo género dramático (con avalancha de reformulaciones léxicas y didascalias); en torno a la caracterización transparente de los personajes; la intensidad de las enumeraciones del narrador; cómo el discurso de un colectivo se enuncia y se piensa a sà mismo; y en torno a las referencias literarias y filosóficas (¡para tirar al techo!) y los pie de página que explican tal o cual cosa técnica sobre el hockey. O sea, la riqueza social que puede llegar a constituir a un individuo a través del juego y viceversa.
Pero ocurrieron dos cosas: otros ya pensaron la novela en torno a esos primeros apuntes mÃos (vayan a leer lo que dijo Jorge Consiglio), y conforme me desencontraba con mis propios tiempos de lectura, o sea, las presiones capitalistas sobre la riqueza social surgida de mi tiempo libre, me di cuenta que lo único que podÃa expresar genuinamente sobre Homo Ludens es un cierto resentimiento.
Es que el contraste entre todo eso que construyen los personajes de Rago y las migajeras pausas que una trabajadora cualquiera puede encontrar entre el tiempo de trabajo socialmente necesario, el tiempo de trabajo excedente y la reproducción de sà como fuerza de trabajo (dormir, llenar un tupper con alimentos recien comprados y cocinados, bañarse, coser un jeans roto) para leer la novela, sólo puede generar un enorme furia espiritual.
Alguien con quien conversé, pongamosle Carlos, me dijo con tono de hacerse el vivo que Homo Ludens era un sumario de anécdotas. ¡Eureka, Carlos, no me digas! Pero cómo no. La anécdota le da sustancia y espesor a cualquier relato, primero, porque revela asuntos velados, relaciones, jerarquÃas, tensiones y contradicciones que se filtran desde las profundidades de las relaciones sociales hacia la superficie de nuestra consciencia; y segundo, porque la anécdota es un momento de enunciación gravitacional del lenguaje. No es la periferia como debe creer Carlos para sentirse un tipo de inquietudes elevadas.
Las anécdotas son un momento en que el relato, real o ficcional, piensa y reformula los espacios por donde el enunciador pasó y dejó su cuerpo y su tiempo, acaso lo único valioso que tenemos. Esa es la belleza obsesiva y autoreflexiva de Homo Ludens. La anécdota se cocina en el tiempo libre del lenguaje, en la resignificación lúdica del encuentro social cuando este ya no está mercantilizado. Es en el campeonato, en la calibración de deseos y en el exceso dionisiaco que se paren anécdotas como consecuencia de un otro tiempo, el mejor, el que no está enteramente subordinado a la producción del capital. Una otra sintaxis, un otro léxico y un otro sentido de otro tiempo.
Para que exista una anécdota tiene que haber sucedido algo; para que suceda algo tiene que haber un tiempo de explotación capitalista suspendido; para que exista una historia compartida deben haber personas con tiempo libre para estar juntas.
El valor de Homo ludens es el concepto de juego que construye. No aquel utilizado como sinónimo de consumo. No el que cada vez más se parece a una apuesta online. Sino que un juego como aquel tiempo disponible para que la vida produzca acontecimientos.
Todo este asunto sobre mi resentimiento, por supuesto, no me lo inventé yo, lo inventó Rago completamente lúcido, como dicen los chiquilines en sus memes.
El autor armó una contradicción entre el tiempo libre tematizado en la novela y el tiempo libre de los lectores –o sea, los minutos y las horas que tratamos de robarle al tiempo de producción capitalista para poder agarrar alguna buena novela. Rago sabe lo que es el trabajo necesario, lo que es el plustrabajo, pero también sabe del otro trabajo, el que se va construyendo en equipo para dominar una bocha de hockey. La gramática del relato de Homo Ludens sólo puede surgir ahÃ, en el tiempo de estar juntos.
Y vuelvo a pensar: qué resentimiento, qué bronca con Moro, con Bruno, con Pumba, con Chucky. Qué envidia jugar.
Sobre Patricio Rago

Nació en Buenos Aires en 1982. Se formó como lector en las librerÃas de la calle Corrientes y en los puestos de Parque Centenario y Parque Rivadavia. Vivió en Roma, BerlÃn, y Barcelona. Fue jugador de hockey profesional, obrero metalúrgico y de la construcción, barman, pintor, cadete, jardinero, repositor de supermercado, mozo, galerista, intérprete simultáneo y profesor de inglés. Publicó el libro de cuentos Ejemplares únicos (2019).
Es librero en Aristipo Libros, una librerÃa de usados especializada en literatura y filosofÃa, y organiza La Fiesta del Libro Usado (FLU)
Puede adquirir la novela acá.
