teatro
Leonora, una revelación | Por Giovanna Cirianni


22/10/2026

Por Giovanna Cirianni
@giovigeraldina

Autoría: Alberto Conejero. Dirección: Carlos Ianni. Actúan: Teresita Galimany. Música en vivo: Diana Griot. Diseño de Iluminación: Soledad Ianni. Fotografía: Martín Siccardi. Asistencia: Delfina Ameijeiras. Utilería: Solange Krasinsky. Funciones: Sábados a las 32:30 horas. Sala: Teatro de Repertorio (Melo 1756, Florida, Buenos Aires. Entradas: Por Alternativa Teatral.

El siglo XX fue una convulsión traumática difícil de imaginar, incluso para los testigos de nuestra época; la consolidación de algunas revoluciones, la eclosión de otras, dos guerras mundiales de por medio. Por azares del destino y tradición diplomática, México se convirtió en asilo de refugiados de todos los rincones de Europa, aunque los protagonistas fueron los republicanos españoles.

En uno de aquellos barcos hacia México llegó una joven Leonora Carrington que, sin embargo, ya había vivido lo suficiente como para llenar unas memorias. Leonora de Alberto Conejero es un monólogo fuertemente inspirado en Memorias de abajo, que Carrington escribió en francés y publicó en 1943.

Carrington es un nombre por demás consagrado en su país adoptivo. En mi infancia recuerdo escucharlo con frecuencia junto al de Remedios Varo, y estar segura de que se trataba de artistas mexicanas. Quizá a esta altura merecen el título. Leonora vivió en la colonia Roma de la Ciudad de México hasta su muerte en 2011. En ese barrio se radicó desde su llegada y entabló amistad con las otras dos “brujas surrealistas” refugiadas de guerra: Varo y Katy Horna. Y aunque comencé hablando de azar y diplomacia, la verdad es que el curso de esta historia estuvo marcado por otro nombre propio: Renato Leduc, periodista mexicano que se radicaba en esa época en Europa y quien posee el crédito por haber rescatado a Carrington y Horna de la guerra y los nazis.

Podríamos decir que Leonora empezó a escapar desde la infancia. Nacida dentro de una de las familias más aristócratas de Inglaterra, criada en un auténtico castillo, la artista nunca se adaptó a las expectativas de corrección social que intentaban inculcarle. Su relación más conflictiva fue con su padre, que aparece como motivo en el texto de Conejero. Su visceral rechazo a la alta sociedad y la corona británica arriesgaba la reputación de la familia entera. Pero ante la persecución casi policial de su padre, Leonora siempre dobló la apuesta.

En esta puesta del CELCIT, Teresita Galimany sostiene los 60 minutos de monólogo con una potencia envidiable, encarnando con total naturalidad la inocencia de la niña Leonora, el arrojo y la pasión de la jóven Leonora, la templanza y la fortaleza de la Leonora inmortal e infinita.

Hay una palabra clave que condensa la experiencia de esta mujer -digo “experiencia” en todo el sentido de la palabra: como sabiduría y como subjetividad. Esa palabra es “revelación”, y es el pedal que usa Conejero para articular la narración. El escenario se presenta como una obra visual. La actriz propone al público imaginar el cuadro que está a punto de pintar y ofrecernoslo; plantea una escena poderosa donde luego va a terminar la trama: Leonora sentada sobre una valija en el puerto de Lisboa, anecdóticamente casada con Leduc para poder entrar a México sin problemas migratorios. 

De niña yo estaba segura que Leonora había nacido en México, y de alguna forma es verdad. Tuvo una vida anterior en Europa y volvió a nacer en América. La mayoría conocemos a la segunda. Leonora nos ofrece un vívido retrato de la primera, la vida que la conforma y define, y que nos permite explicar alguna dimensión de su misterio.



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