24/06/2026
Por Jacyn y Javiera Miranda Riquelme
@jacyn_ – @javieramirandariq
Cuando concretamos esta entrevista con Pat, que va y viene entre Buenos Aires y Córdoba, donde vive entre sierras y árboles, había pasado bastante tiempo desde que se la habíamos propuesto.
Pat Pietrafesa —que dirige la editorial Alcohol & Fotocopias, toca en Kumbia Queers, She Devils y Barflies, pertenece a los colectivos Feria del libro Punk & Derivadxs y Archivo de Culturas Subterráneas, entre sus principales actividades— es, ante todo, una activista. Empuñó un instrumento por primera vez porque tenía algo que decir. En el punk halló un marco expresivo propicio y fundó canales alternativos para decir lo suyo sin condicionamientos. Conectó la música con lo personal; y lo personal, con lo político. En los tempranos años 80, lanzó el imprescindible fanzine Resistencia e impulsó la cooperativa que organizaría los míticos festipunks que marcaron un hito musical y autogestivo en el rock de acá. Construyó una escena que todavía reverbera. Formó parte de Sentimiento Incontrolable, Cadáveres de Niños y She Devils, por nombrar los grupos más trascendentes de aquella primera época, que dejaron una huella perdurable en el underground.
En pleno auge de la «primavera democrática», durante el gobierno de Alfonsín, organizó las marchas contra la policía y sus malditos edictos que habilitaban detenciones arbitrarias cotidianas a mansalva. Cuando Internet era todavía una fantasía distópica, los fanzines, los recitales, los encuentros que organizaba en el Jardín Botánico y en la plaza del Congreso, sus contactos con publicaciones de todo el mundo, el newsletter que distribuía por correspondencia, entre otras acciones, establecieron un nodo informativo para un movimiento que todavía respira. En los años del menemismo, organizó el festival Belladona, donde las mujeres eran protagonistas, y desde donde activaba por el aborto legal y seguro, adelantándose varios años a la ´marea verde´.
Muchos años después, sus convicciones, su ética de trabajo y su vocación permanecen vitales e intactos. Hoy dedica un tiempo especial al resguardo de la memoria de aquellos tiempos, cargados de noches intensas y música dura, alcohol y fotocopias, amor y furia. De eso hablamos largamente en esta entrevista que le hicimos en los primeros días de otoño.
«Una particularidad que tiene la Feria del Libro Punk y Derivades es que le damos mucha importancia al contacto con cada persona que va a participar», dice Pat al comienzo de la conversación. En su última edición participaron 220 proyectos. «Estoy dos meses leyendo todo y escribiéndome con todo el mundo. Entonces yo misma también, al concentrar toda esa información, sé muy bien quién es cada proyecto, cómo ubicarlos, quién va cada día. Y entonces el día en que finalmente se da el contacto en vivo, también soy quien más conoce a todas las personas que van. No somos muchos [los organizadores], somos tres personas —Ale de Tren y Movimiento y Seba de Inerme—, quizás cuatro. Alguien que por ahí ayuda. Viaja mi compañero también cuando es la feria y pone el cuerpo. Y otras personas que también ese día por ahí colaboran en algo. Igualmente es una feria colectiva porque la mayor colaboración es la participación con tus proyectos. Yo concentro la información, que es lo que toma más tiempo. A mí me encanta la feria. Es un espacio que tiene ya 14 años. Y es muy emocionante la participación de personas diferentes, editoriales independientes, editoriales de fanzines, personas individuales que van con su libro, su fanzine. Gente que viaja de todo el país. Súper intergeneracional. Me encanta que tenga la cualidad de que gente muy diversa y emocionalmente diversa también se sienta apañada».

—¿Cómo vivís este recorrido desde aquellos encuentros en Botánico a esta feria con participación tan masiva?
—Para mí es un continuo, porque eso que vos mencionás fue la primera experiencia. Hice unas más chiquitas antes. Siempre tuve un espíritu como de comunicar y juntar. Entonces, por más que me tome muchas horas, lo hago igual, porque me di cuenta que soy la persona que tiene que cumplir ese rol. Me tengo que comunicar, escuchar a las personas, tomar nota, etcétera. Y eso para mí es un continuo, porque lo seguí haciendo a través de los años. En diferentes formatos. El formato feria me encanta, pero… Desde esos eventos, como mencionás, que son en el año 1984, 85, ya el año siguiente, en 1986, ya arranqué como formato festival y ya arranqué con formato feria en ese año, dentro de los festivales. Siempre hice lo mismo. Y son tantos años de conocer y hablar con personas… Antes escribía a máquina, ahora escribo en la compu. No sé, es parecido para mí y me encanta. A mí me parece que el formato feria está muy bueno. En los festivales, la música opaca la feria. Cuando voy a un recital, toda la gente quiere ver a la banda. Me encantaría llegar un día al objetivo de que sea un festival de música y también feria. Con mi compañera en Kumbia Queers, Pilar, durante 10 años hicimos los festivales Belladonna, que justamente eran más que nada acústicos, porque queríamos que todo tenga un lugar que no sea opacado por el recital. Pero a mí en la actualidad el formato feria me encanta, porque, al menos la feria que hacemos nosotres, tenemos muchas presentaciones de libros, charlas, archivos, muchas muestras, muchas personas de diferentes edades y lugares contando sus experiencias. Mucha gente va, no es que hay una persona hablando sola. No. Hay gente que se va con un mate, con una birra, y están en el espacio de presentaciones desde que arranca hasta que termina. Es hermoso. Me encanta participar ser parte de esta feria. Es un muy buen lugar de sociabilización. Este año tuvimos la feriante autora más joven, una chica de trece años, que tenía su puesto. Hay personas de quince, dieciséis años con sus cosas, y les gustan mucho las cosas analógicas. Hay personas que hacen cositas. Hubo un espacio muy grande de Antifast Fashion, algo punk de siempre, toda ropa hecha con cualquier cosa transformada, una conciencia del recicle muy grande, gente vestida de cualquier forma, hermosa. Es increíble la cantidad de gente que va. Hay momentos que explota. Y no sale en ningún lado. Solamente sale en el Instagram de la feria, alguien lo replica, lo replica la gente que participa. No tenemos ayuda monetaria, nada, nada, salvo de los que participan: Que haya un evento que sea así. Eso me parece súper rescatable.

–Vos animaste una escena que todavía hoy genera mucho interés. ¿Por qué pensás que todavía despierta ese interés esa escena, ese movimiento de hace tanto, que justifica que se sigan publicando libros al respecto o reeditando discos del under más under de aquellos años?
– Este es nuestro libro de historia: «Contraculturas punk y políticas sexuales en Argentina, de 1984 a 2007», hecho por dos punks académiques zarpados: Nico Cuello, Lucas Di Salvo. Nico, bueno, parte también de Caja Negra. Es una persona muy top. Se va construyendo historia. Pero no solamente sobre esa escena hay interés, hay interés en todo el arco histórico, es decir. Justamente, la feria del Libro Punk y Derivades comenzó con la presentación «Derrumbando la Casa Rosada». Era en broma, tipo: “Che, lo hacemos en la puerta de la Feria del Libro”. Y bueno, en la puerta no daba y lo hicimos enfrente, que era el Salón Pueyrredón. Y los chicos de «Derrumbando…» fueron los que empezaron a bromear con eso. Pero después ellos… tienen otra historia. Esto era como un hobby para ellos, porque son periodistas, economistas de La Nación, otra cosa. Y yo me quedé con Ale de Tren en Movimiento y con otra gente más que después fueron a la feria. Nos parecía un lugar de mucha potencia. Y cada vez fue creciendo más y se fue desarrollando. Empezó como esa presentación y ahí se han presentado muchos libros, porque hay una particularidad en Buenos Aires, en Argentina -no me queda otra que mencionar Buenos Aires porque la feria es en Buenos Aires-, que es que tenemos mucha literatura concerniente a distintas movidas underground, alternativas. No solamente la punk, hay un montón. Siguiendo un poco históricamente, hay muchos libros referidos a cuando comenzó el movimiento hardcore, que agarran lo que sería después cronológicamente el libro «Hazlo tú mismo». Libros que han salido ahora sobre fans de Fun People. Hay muchos libros y todos se van presentando en la feria. Yo también saqué varios compilados, el de Homoxidal. Sacamos muchas cosas, casi todas son coediciones. Me gusta también la feria porque está todo eso que puede ir a ver todo tipo de gente. Te encontrás con uno que fue punk y no sé en qué año se fue a comprar el libro de Cavanna, de Los Violadores. Salió también en Piloto de Tormenta el de Los Corrosivos. Hay personas que lo viven: “uh, esto es de cuando yo era chico”. Otras personas de ahora que dicen: “me interesa saber esta parte de la historia”. Pero la feria en sí no propone una cosa nostálgica. Tiene el libro de Sergio Gramática, que salió hace poco, y el de Corrosivos, y después tiene fanzines de fotografía de escena punk-alternativa-queer. Muchas cosas. Siempre ha estado presente toda la temática de disidencias a full, en el formato que sea, en especial en muestras y en charlas. Siempre tenemos también al final conversatorios grandes sobre coyunturas. Paradójicamente, durante 2023 y 2024, los conversatorios se llamaban Antifascismo. Y es muy rico todo. Y siempre personas escriben: “quiero hacer esto”, “quiero hacer lo otro”. Y la onda es cómo se mete todo eso. Y eso provee mucha energía y mucho colectivo. Mucha comunidad. Y siempre en la feria está presente la memoria. También tenemos un compañero muerto, Gerardo Dekadencia Humana, una persona muy importante en la escena punk y anarquista de Argentina, de Mar del Plata. Murió el año pasado. Y conservamos su archivo. Los que somos más grandes estamos en el tema de conservación de archivos, como conservación de memoria colectiva de lo que pasó en un momento, siempre haciendo hincapié en el armado de una historia colectiva, de mirar hacia atrás no solamente con una nostalgia, cada quien lo puede mirar como quiera, pero con ánimos de revisión, de crítica, de saber dónde estás, siempre hubo alguien antes de vos, también ese reconocimiento de que alguien hizo algo, por algo vos podés hacer algo ahora. Es un reconocimiento, vuelvo a repetir, colectivo. No hay otra. Sos parte de algo. No lo inventaste vos el movimiento feminista. No inventaste vos las primeras consignas trans-travestis. Es decir, hay mucha cosa anterior. Gerardo me lo dejó a mí sabiendo de lo que soy parte, nos lo dejó a nosotres.
–Estabas en un momento recopilando los números del fanzine Vaselina [creado por los Violadores Sergio Gramática y Hari B, que luego continuaría Marcelo Pocavida en su dirección editorial]. ¿Qué pasó con eso al final?
-Acá tengo todo medio disperso, pero estoy trabajando desde el 20 de enero. Hace años que vengo trabajando. Yo tengo varios números de Vaselina y hace tres años, Pedro Braun [verdadero nombre del fundador de Los Violadores] me pasó los tres primeros números de la primera época, que yo no los conocía, no los había visto nunca. Entonces me pareció evidente que yo lo tenía que hacer. No tenía escapatoria. Nunca había sido un plan. Yo tenía el plan de hacer otra cosa, un compilado de fanzines a los 80. Pero me vi y digo: no, esto lo tengo que hacer yo, tengo que poner todos los números de Vaselina juntos en un volumen. Eso ya lo tengo, eso ya está. Lo que estoy haciendo son todos anexos, calendarios… Algo que me gusta hacer, que también hicimos en este libro, es ir ajustando nuestros relatos históricos, fechas… Que es algo que también Resistencia, para mí lo más valioso que tiene, es un índice de 20 páginas al final. Por eso se usa mucho para personas que estudian e investigan, porque está todo en el índice. Yo lo hago a mano el índice. Lo divido en muchas categorías… muchas, todas las que se me ocurran. Con Vaselina hice lo mismo.

—¿Lo de las categorías con qué criterio lo aplicas?
—Mirá, en Resistencia es increíble: hay desde personajes de la escena hasta movimientos políticos… Pero porque en Resistencia hay demasiada data. En los Vaselina no hay tanta data y eso está bueno porque tiene otro relato, es otra temporalidad. Entonces, Vaselina por un momento tiene datas clásicas porque no tienen tanta info como Resistencia. Entonces son simplemente lugares, personas, bandas, nombres de grupos, años… Es más clásico. Pero que igual sirve mucho para ordenar la información para alguien. Y le estoy haciendo anexos de data histórica, un calendario con muchas fechas importantes. Eventos de la historia alternativa nuestra. Rechequeados, revisados. Le estoy agregando todo lo que puedo para que sea algo que tenga un relato acompañado y también una idea, también un relato verificado, digamos. Ya hubo tantos libros, que yo no voy a poner ahora tipo “El Einstein abrió el 3 de mayo de 1984”. No, está mal. No es eso. Ya salieron 20 libros. Porque cuando son materiales medio alternativos yo veo muchos errores. Pero ya tenemos tanta literatura del armado colectivo nuestro que reviso todos los libros, corrijo las cosas también, aporto mis datos. Es un trabajo que es un poco raro, pero me gusta agregarle eso. Va a ser un formato de libro, eso quiere decir que ahí vas a encontrar algo. Aparte me encanta que ya tengo para poner mucha bibliografía porque salieron muchos libros en Argentina y aunque haya chequeado solo una página, es una oportunidad también para poner todos los libros, los fanzines y las cosas que chequeé para hacer eso. Entrevisté a todos los que participaron en Vaselina y saqué muchas notas de entrevistas mías viejas a Pedro, a Sergio, etcétera. Tengo mucha, mucha data. Entonces la estoy organizando y tampoco quiero endilgarle cosas a algo que era solamente un fanzine, o perder de vista que en realidad era solo un fanzine y todo esto lo estoy agregando yo. Porque ahora se usa mucho en tema de contenidos, en especial en internet, meterle etiquetas de cosas a cosas que no eran así en el momento. Entonces no me quiero abusar de la mirada histórica o contrahistórica y de respetar el fanzine ahí como está, y luego todos los divagues míos que sirven de soporte para alguien que quiera consultar lo de la época.

—¿Sería una edición facsimilar?
—Sí. No sé si viste Vaselina, va a ser del mismo tamaño, más chico que Resistencia, porque el formato de Vaselina era diferente. Obviamente que de ninguno se han conservado los originales. Yo tengo el original del último número porque yo participé ahí y lo guardé, pero los demás son todas copias pésimas que las estamos retocando. Los peores números son el uno, dos y tres. Hay que situarse en la época, no había casi información. Además, eran los pibes que tocaban,Sergio, Pedro. A ellos lo que les interesaba era tener una banda. Pero bueno, sabían que tenían que hacer el fanzine. Entonces está escrito a máquina, es más relajado en ese sentido. Entonces no tenés que luchar para leer todo lo que viene en una hoja como Resistencia. Yo tengo el original del último, que es de 1984. Y lo presté para una muestra, lo pegaron contra la pared y está arrancado todo. Tiene tres que es un formato A4 y luego el resto mitad de hoja oficio. Y entonces cuadra muy bien en el tamaño de Homoxidal, que es más chico que Resistencia. A mí me encanta, me entusiasma mucho trabajar con eso, pero necesito muchas horas.
—En el trabajo este de reconstrucción, digamos, del soporte, de hacerlo legible. ¿La persona de diseño es la misma que trabajó con vos en la compilación de Resistencia?
—No, es un conjunto. Fede hizo conmigo Resistencia y justamente yo lo contacté para hacer esto. Son tres números de 1980 y probablemente de 1981. No se puede saber muy bien. Aparte cualquier cosa le voy a dejar en la descripción. Sergio tiene un relato armado que no lo podés sacar de ahí y Pedro tiene un relato que es “no me acuerdo, no me acuerdo”. Yo ya fui revelando cositas, pero bueno. Los otros son de 1982, dos números; uno de 1983 y uno de 1984. De esos yo tengo el último número original, original, y los otros tres tengo fotocopias antiguas buenas. Eso ya está fotografiado, lo fotografió una fanzinera muy joven. Y bueno, seguramente voy a trabajar un poco con algunas ideas más allá de lo legible, de la copia. La persona va a poder verlo como si fuera un fanzine, pero legible. Algunas cositas más locas seguro las hago con otra persona. Somos varies. Cada quien aporta algo.
—¿Cuándo empezaste a reunir tu material, digamos, armar tu propio archivo?
—Mirá, yo lo que hice siempre era dedicarme a la historia. De hecho estudié un poco, quise entrar en el profesorado de Historia y no entré, y después entré en Filosofía y Letras y me encanta. Todos los relatos históricos. También quería estudiar bibliotecología y documentación. Entonces yo todo, todo guardaba. Y después luchaba un poco porque decía: “no, pero no tengo que ser tan agarrada”. Y en las primeras épocas, muchísimos años, presté todo tipo de cosas: desde negativos, fotos, y muchísimas jamás me las devolvieron. Nada, después yo tuve muchos años de drogas y alcoholismo. Así y todo siempre me rescaté en guardar cosas, pero también perdí muchas. Y perdí el primer original de Resistencia en pedo, en un lugar. Pero después junté todo. Y después tuve épocas re locas en las cuales no podía guardar más nada. Tiré todo. A finales de los ochenta tiré montañas de cosas. Después quemaba cosas. Después perdí, en diversas mudanzas, muchas cosas. Y después regalé. En la presentación de Resistencia, cuando recién salió, colgué de todo en el Centro de Investigaciones Artísticas y, como estaba tan contenta, le dije a la gente: llévenselo. Tengo un montón de cosas que están en peligro porque vivo acá [EN LAS SIERRAS DE CÓRDOBA]. Están en un lugar que no sé qué va a pasar. Pero bueno, por eso también cada vez que puedo rescato cosas. Pero siempre guardé cosas. Siempre me pareció que es la prueba de que algo pasó y es inspirador. Me vuelvo loca si agarro un… no sé… un códice de la Edad Media. Y bueno, desde hace muchos años ya también caí en que la archivística me podía dar muchas herramientas. Una vez que fui al CEDINCI [Centro de Documentación e Investigación de Culturas de Izquierda] y dije: wow, esta gente está re loca. Y bueno, después tengo muchos compañeros muy jóvenes que participamos justamente en CEDINCI, en el espacio de memorias LGBTTQY+, que son estudiosos. Yo estudié en UnTref. Mi compañera Mil, de Viciosa Ediciones, con quien hago varias coediciones, estudió también en UNSaM y después siguió, y está también en CEDINCI. Y tenemos como una visión para nuestro archivo de culturas subterráneas, que lo iniciamos con Nico Cuello y con Ro Inmensa. Pero bueno, es un sueño porque no tenemos lugar. Pero yo sé que en algún momento se va a dar, no sé cómo. Y mientras tanto hacemos lo que podemos. Está también Ale de Tren en Movimiento y Seba de Inerme, también ahora forman parte de nuestra ilusión del archivo. Entonces en algún momento lo vamos a lograr. Mientras tanto sacamos libros, que es una forma de conservar parte de esa memoria.

—¿Qué herramientas te dio la Archivística?
—Para mí está bueno tener herramientas, algunas para no usarlas después, pero para saber más sobre lo que se trata. Y de hecho, en nuestro archivo de culturas subterráneas tenemos muchas discusiones, porque yo sueño con tener un archivo digital, con una clasificación que aprendí también en el archivo y que todo el mundo lo pueda ver. Y bueno, hay discusiones porque también una archivística punk es destruirlo, romperlo todo. Es muy interesante, porque tenemos discusiones, altas discusiones, con respecto a las motivaciones y a todo lo que puede aportar un papel. Tan fuerte como este amigo que te estoy citando, Gerardo, que me dejó todo su archivo en un mail. Me mandó un mail diciéndome que sentía que se estaba por morir y que me dejaba todas sus cosas. Y yo en un momento lo tuve que usar, tuve que ir a la familia y decir: “Che, antes de que tiren todo, a mí me mandó este mail”. Listo: “te súper respetamos”. Pero eso nosotros nos lo empezamos a decir hace unos años, tipo: “Che, nos tenemos que dejar las cosas”. Y eso, que era algo que lo habíamos hablado, fue la prueba máxima. Él se murió. Y bueno, entonces la familia nos dio toda su fanzinoteca, que es frondosa, tremenda. Y bueno, ahora está alojado en Casa Jáuregui, donde en un momento funcionó la CHA, en Buenos Aires. Lo tenemos, digamos, como lugar de recepción, pero no tenemos un espacio para poner todas mis cosas. Pero por cierto que la archivística, como saber organizado, te aporta muchas cosas que me parecían: “Qué horror, ¿qué es esto? No quiero saber nada”. Pero también a veces es bueno saberlo para no usarlo, y saberlo igual, porque es del mismo lugar de donde salen otras cosas que te aportan un montón, y es darle una mirada. Por supuesto, yo puedo decir lo que se me ocurra: “esta foto la voy a guardar así”. Siempre lo hice, pero bueno, me aportó mucho y siempre escucho a las personas que saben, porque hay mucho aporte en el intercambio.
—¿Vos cómo te imaginás la preservación de ese material?
—Mirá, en nuestro sueño -que lo incluía a nuestro amigo- nosotros decíamos: «vamos a tener una casa, habitaciones donde tener todo lo que vayamos juntando, y él lo va a tener, va a vivir ahí, vamos a tener una habitación que sea para presentaciones, tener cosas, un escáner, compus, fotocopiadoras». Y la preservación principal tiene que ser digital. O si la querés hacer analógica, hay muchos papeles que se está desintegrando, me refiero a la impresión de fanzines, que es lo que yo más tengo. Entonces eso, si lo querés hacer digital, y bueno, en un papel hay que fotografiarlo o escanearlo. Y luego, si lo querés físico, habrá que hacer una muy buena copia. Pero mi sueño es que tengamos estanterías, que tengamos carpetas. Yo debo confesar que tampoco me gusta que todo el mundo esté agarrando todos los originales. Entonces yo eso lo tendría más resguardado, con muy buenas copias que todo el mundo las pueda mirar, las pueda usar. Tener un buen sitio donde puedas entrar y ver imágenes, clasificadas. Pero eso sí que es un poco cuestionable, porque hay otras personas que quieren romper con la clasificación justamente. Pero bueno, donde puedas ver el nombre. De hecho, yo eso lo estoy haciendo con los libros que publico: el número, quiénes participaron, el año, el soporte… yo en eso soy como muy básica.

—No te quiero poner en lugar de abogada del diablo, pero los que quieren romper con la clasificación, ¿cuál sería el concepto detrás de eso?
—Bueno, hay muchas corrientes en archivismo y en el anarchivismo. Te recomiendo mucho el libro Anarchivismo, que se encuentra el PDF en internet. Pero bueno, porque hablan como de quebrar las estructuras de la archivística en cuanto sostiene las instituciones. Es como parte también de una cuestión de romper con ciertas cosas del sistema. Entonces creo que vos agarrás lo que te sirve y lo ponés en marcha para preservar. Un ejemplo es el Archivo de la Memoria Trans. Cada colectivo o cada grupalidad o cada barrio… Yo vivo en un pueblo, estaría buenísimo que el pueblo en la biblioteca tenga un archivo de la gente. Eso se hace en un montón de lugares. Llevar cartas a tu familia, fotos. Se va armando una historia colectiva. Ya el proceso del armado significa un montón de cosas. Ver cosas que sucedieron antes, para mí es hermoso. Lo valoro muchísimo. Por eso valoro también las cosas que tengo. Y también a veces te da un poquito de cosa que, en un momento, se haya puesto medio de moda el archivo, y cualquier persona sacó una foto y, en vez de decir “acá tengo una foto”, es “acá tengo un archivo”. Está bien, me da como la otra vuelta. Es hermoso, me encanta, y somos varies y hacemos lo que podemos, porque para todo esto, no contamos ni con espacio ni con tiempo, porque todos tenemos que hacer muchas cosas para sobrevivir. Y de pronto me voy… el año pasado en gira con Kumbia Queers estuvimos en un lugar, en un hospital que está ocupado, en Berlín, al borde casi al este, en Kreuzberg, que está ocupado desde los años 70, todo ese movimiento de ocupación re grande que hubo en Europa, con toda esa cultura de esos años, porque nos dieron lugar ahí para dormir, es un lugar donde va mucha gente de paso, hay gente que vive. Y obviamente tienen un piso biblioteca y un piso archivo. Estuve el año pasado ahí. Veías al chabón que era punky en los 80 y tiene un archivo como cuando vos soñás: “Che, acá están todos los fanzines de tal país, de tal a tal”, y es enorme. Pero obviamente, las cosas alternativas en Europa también cuentan, por más que hayan sido okupas y todo, siempre cuentan con más cosas que nosotras. Pero me encanta, es como: qué bueno un lugar así. No te digo un edificio… una casa.
—¿Qué te empujaba a poner a resguardo todo ese material que en ese momento era presente? ¿Ya tenías una visión de archivo?
—Mirá, en un principio yo recibía muchas cosas de afuera. Me escribía con mucha gente, en especial con Maximum Rock and Roll. Empecé a escribirme en el año 1984, 85, y la recibía todos los meses. Siempre hacía reuniones en las casas de mis padres y venían personas, y todas miraban, alguno me arrancaba una hoja y yo en el fondo era celosa, pero bueno, lo daba igual. Había algo en mí que siempre me gustó guardar. Yo viví la adolescencia en la dictadura. Mi refugio era la Biblioteca Miguel Cané, de Boedo. Me la pasaba ahí adentro. Adoro las bibliotecas, los libros, las cosas que muestran algo del pasado. Y también muy pronto, cuando empezaba a ver justamente el Maximum Rock and Roll, veía ahí tipo al final de los 80, que ya salían compilados de la revista Punk. Y decía: “Uh, ya tienen su compilado, esto tiene que ser así”. Ya en los 90 empecé a pensar… La primera vez que vi un libro compilado de fanzines afuera dije: «estos tienen un libro, cuentan toda su historia». La primera vez que fui a New York me quería matar de todos los libros que veía. Digo: «ellos lo tienen todo en el libro, tienen su historia armada y vos la consumís de afuera. Y pará, nosotros también tenemos nuestra historia”. Me costó mucho tiempo, pero ese fue mi objetivo. Porque todo el relato está bien, está buenísimo, me encantaba, pero bueno, eran bandas que tocaban en un bar, todo bien. Cada lugar tiene sus cosas culturales, contraculturales, de abajo, que se van armando como una crítica a lo establecido. Ese es mi interés, por lo menos. Y bueno, la tarea es de las personas que forman parte de eso, contarlo. Encima contarlo vos misma, en editoriales independientes. Porque el cuentito… hemos sido, somos víctimas de ese imperialismo cultural, obviamente. Yo soy súper víctima de eso, soy fan de cosas de ahí, pero ahí me empecé a dar cuenta. Por eso también en un momento intenté participar en los documentales con Tomás Makaji [DESACATO A LA AUTORIDAD. RELATOS PUNKS EN ARGENTINA, disponible en YouTube], porque yo estuve ahí, en esta parte. Si tanto me gusta todo esto del relato colectivo, bueno, tengo que hacer mi aporte. Y también me di cuenta de que al hacerlo en formato libro es más serio, entonces se va formando nuestra historia con estos textos. Tenemos mucho relato.

—¿Cómo habían pensado, concretamente, la preservación de este archivo? La infraestructura y la logística para tener a resguardo el material.
—Mirá, si hasta nos cuesta sostener reuniones una vez por mes, aunque sea virtual. Está complicado, porque yo vivo lejos. Lo ideal sería entenderse en un lugar. Y bueno, en eso sí aportó mucho la archivística, en el tema de conservación, de saber cómo tenés que conservar las cosas. Y no, no tenemos. Ahora, con un poquitito que sobró de la feria, lo único que hicimos fue comprar cosas para preservar el fondo de nuestro amigo, de Gerardo. Nos lo trajo un compañero en auto desde Mar del Plata y ahí sí compramos cajas. Pero mi archivo, que sería el siguiente, que es muy grande, está totalmente en peligro. Está arrumbado y está en una caja que es de muy difícil acceso. Entonces está muy complicado. Nos gustaría tener tiempo y posibilidades de comprar materiales y alquilar una habitación. Tenés que tener un montón de condiciones, porque te lo puedan agarrar plagas. Hacemos lo que podemos. Tenemos que tener una sesión de escaneado. A mí me encantaban unas cosas que hacíamos en varias de las ferias: hicimos jornadas, dentro de la feria, en el Salón Pueyrredón, en una de las partes, dos amigos míos estaban encargadas de esto, que era “archivo colectivo”. Teníamos una fotocopiadora que también escaneaba, un grabador doble casetera, porque venía gente con cintas viejas y las copiábamos. Y gente que traía cosas, las escaneábamos o las fotocopiábamos. Y gente con pendrive y una compu. Y ahí armamos… te digo que era como una cosa medio performática. Sería muy interesante hacer jornadas. Manos a la obra: nos juntamos acá, traemos un escáner, vamos a trabajar todo lo que quieran trabajar voluntariamente.

—Respecto del movimiento de los años 80, ¿ves alguna continuidad en la actualidad? Mencionaste que entre los chicos de ahora observás una sensibilidad muy emocional. En tu obra hay una declaración política frente al estado de cosas, pero desde una subjetividad también muy sensible.
– Yo también tenía una sensibilidad existencial muy marcada, pero me tenía que agarrar a patadas con todo el mundo, a piñas. Estaba acostumbrada a agarrarme a piñas, no había otra. Era muy diferente en esos momentos. En los ochenta participé en muchas instancias muy violentas, que me han hecho cosas violentas personales, abusos, cosas horribles. Y después, ya en los 2000, tocando con She Devils, los 2000 han sido muy violentos con nosotras. Nos han pegado mientras estábamos tocando. Fue el período realmente de más violencia que vivimos. Por ser nosotras dos como éramos. Hemos sufrido muchísima violencia, y hemos contestado. Y a mí lo que pasaba mucho en los ochenta es estar acostumbrada. Ponías el cuerpo y pa, pa, tenías que pegarle a la gente. Era muy violento, Horrible. Y a todas de esas generaciones nos ha quedado. Tenías que ser muy… lamentablemente era violento. Yo cuando salía no es que salía “uy, qué bueno, lo voy a pasar re bien en el recital”. Era muy combativo. Y eso es una diferencia abismal. Entonces me encanta, como te decía, este año, digo: wow, qué bueno, toda la gente súper amable. El año pasado los problemas habían sido también con unos punkis más viejos que estaban haciendo bardo, no sé, como otra mentalidad, ir a romper los propios lugares, esa vieja mentalidad que había antes. “Ah, este es un lugar hecho entre todes, vengo yo y lo rompo”. ¿Por qué? Era muy así durante años. A mí me ha pasado en esa vieja cooperativa, que con todo lo que nos costaba hacerlo, venía la gente y te rompían todo, todo, de la puerta hasta la última cosa que hubiera. Y entonces encontrarte con otro tipo de comunicación, de personas que se sienten a resguardo y todo es un armado completamente diferente. Crecimos, se hizo mejor, evidentemente. Pero para llegar a eso, bueno, hubo que pasar otras instancias más crudas.
—¿Y los 2000 fue más duro para ustedes que los 90? En eso me sorprendiste.
—Sí. Con She Devils, sí.
—¿Y por qué?
—Yo no sé. Primero nosotros tocamos con She Devils que éramos Pilar, Lula, el baterista, y yo. Desde 1996 tocamos con Lula hasta 2001, creo. En 2000 él se fue. A finales en los 90 hemos tenido conciertos muy violentos. Venían muchos punkies a agredirnos muchísimo. Lo vivimos muy a final de los 90 y muy en los 2000. Me acuerdo que tocando Lula, Pilar y yo, a mí me pegaron una piña tocando. Violencia física extrema. Mucho más en esa época, en finales de los 90 y los 2000, que en los 80. Muchísimo más. Hasta que en mitad de los 2000 tuvimos un concierto muy violento en el Tío Bizarro a mitad de los 2000, 2005 creo, fue como tipo: “no tocamos más”. O sea, fue la primera vez que nos gritaron feminazis. Nosotros decíamos, ¿qué? Sí, sí, sufrimos muchas agresiones. A nosotras nos caían de vez en cuando esos cavernícolas, sí. Muchas veces. Creo que venían a propósito. Obviamente que lo que ha sido como muy, muy, muy increíble fueron todos los festivales hardcore gay antifascistas que planteó Carlitos, Nekro, en su momento. Él salió con la iniciativa del disco del aborto [SE REFIERE AL DISCO COMPARTIDO SHE DEVILS/FUN PEOPEL «EL ABORTO ILEGAL ASESINA MI LIBERTAD»] y luego nosotras lo desarrollamos un montón y bueno, nos correspondía también. Para mí todo eso fue increíble. Por ahí tocabas en un hardcore gay antifascista y estaba buenísimo. Pero tocabas en Fin del Mundo, como nos pasó a nosotres en ese bar ahí abajo, y nuestros amigos rockeros nos tuvieron que salir a defender por la gente, pibes que venían de ver a Flema, no sé qué, nos querían matar. Nos ha pasado mucho. Entonces, para nosotras después cuando tocamos con She Devils en el Salón Pueyrredón, ya más entrados los 2000, después de 2005-2006, ahí estaba bien. Pero ya para entonces empezamos a tocar con Kumbia Queers y ya fue todo diferente. Y después cuando volvimos a tocar con She Devils en Argentina, en el Girl Power de Córdoba, que fue en el… no sé, 2018 o algo así, no lo podíamos creer, tipo: ¡wow! Toda esta gente… es la primera vez que no nos escupen. A nosotras nos escupían. Tipo: “Loco, estamos en el año 2000”. Tremendo, tremendo. Entonces era todo combativo. Yo varias veces me tuve que sacar el bajo. Ese recital de Fin del Mundo, me saqué el bajo y se lo tiré a una persona por la cabeza. Y vos cuando se lo tirás a alguien no es que le das a esa persona… Yo he tenido muchas situaciones violentas. Me he tirado a pegarle a personas del público. Un desastre. Pero bueno, por suerte seguimos, cuando no me imaginaba empecé a tocar en una banda increíble, Kumbia Queers, y tener la satisfacción de que la comunicación en los recitales fuera otra cosa. Y ver cómo se dio vuelta un montón. De haber pasado a que nos cagaran a piñas en la Manzana de las Luces, tocando con Cadáveres de Niños, a ver un montón de gente súper diversa, un montón de gente conviviendo, públicos diferentes pasándolo bien. Es increíble.

—Ya que mencionaste lo del público de Flema, te quería preguntar cómo viviste ese cambio de década de los ochenta a los noventa, de la escena punk…
—Bueno, yo ahora pienso diferente, pero lo que yo pensaba en ese momento lo tengo muy presente porque tengo muchas cosas escritas. Pero era lo que yo pensaba. Y estuve muy involucrada en la segunda mitad de los 80 como en la gestión de una cooperativa de bandas, una ilusión de hacer un sello independiente, hacer festivales… un flash que yo tenía por ahí con algunas personas más. Y lo vi muy roto cuando salió el disco Invasión 88. Nada, pero eran cosas muy de la época. Había como muchas… en ese momento se decían “tribus urbanas” y, no sé, había skaters, punks, afters, darks, skins. Y había mucha violencia. Y bueno, cada quien ocupa un lugar diferente en diferentes movidas. A mí me tocó ocupar el lugar de querer hacer que los proyectos autogestivos -en ese momento no era común, no existía la palabra, tampoco se usaba- pensaba que era algo… estaba influida por cosas que veía afuera, en Maximum Rocknroll, veía que la gente ocupaba casas, que tenían sellos, que hacían movidas, muestras. Lo que estoy haciendo ahora con la feria del libro punk era en ese momento lo que ocurría. Y entonces me enojaba porque otras personas querían hacer otras cosas y les decía “sos un vendido” porque firmaste un contrato con una multinacional. Era muy radical, era muy hincha pelota. Yo lo veía de una manera muy… Me desilusioné cuando salió el disco Invasión 88 y participaba Comando Suicida. Yo dije que no puedo participar en un disco con unos chabones que en ese momento aparecían con signos nazis. Yo no pensé que nadie iba a participar y participaron todos. Era como la desilusión. Pero también es la desilusión del final de la década, la hiperinflación. Era muy existencialista y también era muy alcohólica, entonces me desilusioné un poco y después empecé otra banda. Pero hubo muchos cambios, como lo que viene después: enseguida salió el hardcore, eran todos chabones, todos flacos. Yo estaba en otra. Yo estaba en los grupos esos punks de los 80. Al finalizar los 80, varias bandas toman más espacio, suenan mejor, graban grandes discos con grandes canciones y se hacen populares. Yo nunca estuve en esas movidas. A mí me interesa lo que está más abajo. Está buenísimo que hicieron eso. Yo siempre me dedico más a los sótanos.
—¿No hay un cambio también en la lírica de esa otra generación de bandas, un enfoque más barrial contra otro en relación a otros que tenían perspectivas muy existencialistas?
—Sí, es otra mirada. Para mí está buenísimo porque también en los 80 estaban buenas esas bandas chiquitas de punk, estaban re buenas, pero eran como toda la práctica de los temas clásicos del punk: contra la policía… yo con Sentimiento Incontrolable trataba de hacer algo político y también incluso tuvimos el tema de derechos animales, etcétera. La gente nos quería matar y no existía que en ese momento hablaras de eso. La gente te decía “esto no es punk ¿Qué dicen?” Bueno, y después empecé a tocar con una chica muy chiquita que hacía las letras de Cadáveres de Niños. Las letras de Flema también están re buenas, y las de Dos Minutos, y las de Attaque, son otro tipo de líricas porque hablan de una cercanía a lo que está aconteciendo, a personas que piensan eso. Yo pensaba otra cosa, pero es lo que yo pensaba. Me parece buenísimo ese impulso de cualquier persona de contar lo que le pasa, lo que pasa en su barrio, en su casa, en su país, en su cabeza… bueno, lo contás. Y ese empujón sin dudas lo dio el punk. Sí tomó otro cariz en los 90, pero también pasó afuera. Aparece el hardcore con una impronta más masculina, joven. Y después también todo se va mezclando y van apareciendo también más chicas, también hardcore, ya a mitad de los 90, bueno, aparece Fun People, así que todo va mezclándose bastante. Pero sí sí, tienen su impronta, como también las bandas punk de los 80 no tienen la impronta de la felicidad de la democracia. Contra la policía, contra los vehículos policiales, era otro tipo de cuestión en la que pasaba. Pero bueno, porque es la época en la que te va tocando un período, un lugar.

—En los festipunks que organizaba la cooperativa se observa una apertura a bandas que no respondían, digamos, a la ortodoxia del género, por decirlo de algún modo.
—Primero que éramos todos amigues, compañeres. Yo tocaba en ese momento en Sentimiento Incontrolable y yo no decía “Los Corrosivos no son punks”. No existía eso. Estábamos todos juntos en el Parakultural. Marcelo Clash en Valió la Pena, decíamos “uuuh, qué bueno”. No decíamos “no es punk”, eran los grupos que ibas a ver también, los pocos grupos que había. Lo que sí decías: “uh, este tiene mánager”, pero porque estábamos como en esa cosita un poco más hinchapelotas, de mi parte también. Mónica tocaba en Antihéroes. “Uuuh, qué bueno que está Antihéroes”. O yo por lo menos no tenía esa mentalidad, por ahí habría alguien que sí, pero éramos todos conocides y teníamos esas bandas, estaba buenísimo. Era súper diverso. Además estaban Todos Tus Muertos que estaban adelante de todo, la mejor banda.
—Hablemos de tu costado periodístico. Compartir información, divulgar, comunicar, ya tenías una vocación muy fuerte…
—No me dediqué mucho a la escritura. Lo que mejor me va es en el estilo crónica, porque soy muy subjetiva. En Resistencia también me pasaba: yo ponía o las cosas que me gustaban mucho o las que no me gustaban. No es que ponía todas las cosas que había, nunca tuve “che, tengo que mencionar esto porque esto es lo que hay”. Y me interesaba mucho en Resistencia generar discusiones. Siempre me interesaba bastante pero poner cosas polémicas que despertaran discusión. Eso lo logré un poco. Me parece muy bueno que se genere discusión sobre las cosas que se hablan. Y me acuerdo que en su momento varias personas me decían: “che, yo tengo un grupo, no nos nombraste”. No sé, no me gusta. Bueno, pero tenía una visión periodística. Me gusta la comunicación en ese sentido. Por eso también traducía, traducía, traducía todo el tiempo las cosas que me llegaban y se las daba a otros fanzines, porque digo: “che, esto está pasando, mirá, uh”, o “el grupo ese del que ustedes tanto hablan, acá hay una nota re grande con todo lo que dicen”. Al toque, en la mitad de los ochenta ya traduje todo lo que tenía de Crass y lo hacía circular, porque yo algunas cosas las leo ahora y no eran buenas traducciones, pero eran traducciones, no importa. La traición del traductor siempre está presente. Me gustaba ese tipo de comunicación, más: “pienso que a tal persona le va a gustar esto o le puede interesar tal cosa”. Y después hice muchas, muchas crónicas tocando con Kumbia Queers, muchas, y me gusta eso.
—¿Armabas un newsletter a mano, por carta? ¿Puede ser?
– Sí, armaba un newsletter por carta que se llamaba Comunicación Permanente e inventaba noticias falsas, tipo exponía, no sé, que hubo más recitales de los que había, pero no había nadie, como para inspirar a que pasara algo. Y creo que en 1984 y 85, así empecé, antes de generar los encuentros. Hacía ese newsletter. Y después, en los 90, cuando Fun People empezó a irse de gira por Argentina, también armé un fanzine, ya escrito a máquina llenísimo de contactos de todas partes del mundo, porque notaba que le servía a mucha gente. Yo tenía a mano muchas redes. Flipside y Maximum Rocknroll, donde salían muchos contactos de todo el mundo. Entonces los agrupaba: países, sellos, bandas, radios, y ellos lo llevaban de gira y lo repartían por todo el país. Está buenísimo, siempre hacía eso.
—¿Eras de corregir lo que escribías, o te sentabas y lo que salía, salía, o tenías un proceso de reescritura, de corrección?
—Sí, un poco sí. Al principio menos, después un poco más. Y ahora me doy cuenta… ahora, a fin de año sacamos un libro que se llama La bala perdida: William Burroughs en México. Es un libro muy de nicho, pero muy interesante. El prólogo lo escribió Osvaldo Baigorria, yo escribí unas notas de la edición. Y me di cuenta de que existen las personas que corrigen. Se lo mandé a corregir a Lala Toutonian. Me parece re bueno porque si no es tipo: “no quiero escribir porque escribo siempre lo mismo, no lo puedo corregir”. Pará, bueno, escribo y se lo puedo mandar a alguien que me gusta cómo trabaja los textos, trabaja de eso, y me siento más libre. Me di cuenta un poco tarde, pero bueno, ahora estoy usando esto.

—Volvamos a la música. Agarraste el instrumento en primera instancia no por la parte musical, sino directamente para decir lo tuyo, como un soporte para eso. ¿Cómo te llevás ahora con esa cuestión, con tu instrumento, con el bajo?
—Me encanta tocar el bajo, pero sigo pensando lo mismo. Para mí es una función que cumplo dentro de un colectivo, aporto lo que puedo, me encanta tocar en vivo. Es parte de una idea, es parte de una forma, de un formato que tengo para comunicarme, pero no me siento más intérprete que música. Interpreto las cosas que vamos a tocar con la banda y hago canciones con una guitarra. Siempre lo hice parecido. Lo veo como una forma de comunicación, que es de la única forma en la que pude haber continuado, porque si no decís “wow, hay personas que se tocan todo”. Nunca me interesó eso, me gusta disfrutarlo. Me gusta la música más básica, pero disfruto mucho de todo tipo de música y de ver personas que tocan bien, “wow, qué bueno que está esto”, pero bueno, yo no lo vivo así. Me encanta tocar, me encanta tocar con otras personas, me encanta tener un proyecto que incluye tocar con otras personas y hacer un montón de cosas más, y el tocar es una parte de eso. Una de las cosas que tenés que hacer, la más importante tal vez, es tocar en vivo. Pero lo veo así también, otra vez, como una forma de comunicación, porque comunica mucho. De mi parte, el sostén musical, qué puede ser lo que interpreto, de la forma en que lo interpretás, cómo te mostrás, qué es lo que podés mostrar por medio de eso, en qué circunstancias… para mí iba muy acompañado de eso. No tengo oído, soy malísima, pero bueno. Y para escribir, lo mismo. Tengo una defensa del no talento. Pensaba siempre en la camiseta que decía “100% no talent”, porque es una forma también de que todes podemos expresar algo. Entonces vas buscando herramientas de cómo hacerlo y eso es un poco lo que me dio hace mucho tiempo esas ideas, de podés expresarte, puede ser valioso lo que tenés. Por ahí no sé cuánto aporta al conjunto, pero es algo que tenés y que querés expresarlo. Entonces primero te va a hacer bien a vos y creo que también en los proyectos colectivos, como es para nosotras Kumbia Queers, es muy importante tener un proyecto colectivo en tu vida, porque tenés que practicar un montón de cosas para sostenerlo: tenés que aprender a lidiar con las opiniones de las otras personas, a construir una opinión conjunta que por ahí es diferente de la tuya particular, y es una práctica diaria de valores súper importante.

—Y, por ejemplo, cuando pasaste del género punk a la cumbia: ¿Qué tuviste que aprender? ¿Cómo fue? Porque vos, imagino, estabas en el otro polo de la cumbia en tu etapa anterior.
—Pilar y yo éramos como muy prejuiciosas de muchas cosas de la cumbia, de las más sexistas. Pero para mí estuvo buenísimo porque es romper con un montón de prejuicios que tenías. Cuando conocimos a Pablo Lescano, que fue ahí cuando empezamos a tocar, fue una de las primeras personas que se interesan en nosotras. Era una revalorización de Dos Minutos, ¿entendés? Una cosa así. Yo digo: “claro, si es lo mismo”. Porque yo también estaba llena de prejuicios, no conocía todas las canciones. Cuando empecé a escuchar todas las canciones: “ah, wow, está buenísimo”, me hice re fan. Y lo mismo de los Pibes Chorros. Y nosotras durante años habíamos tenido nuestra baterista Lula, que era fanática, fanática. Primero, bajar los prejuicios, y decir: “che, pará. Hay una cantidad de cosas de las cuales no tengo ni idea: ni cómo se inventó la cumbia, ni las diferentes cumbias que hay en todos los países”. Todo lo que nos alimentó nuestra compañera Ali en México con música, charlas y charlas, las letras, cantar… Tardamos mucho en aprender a tocar, yo por lo menos. Es un flash enfrentarte a tus prejuicios, está bueno. No lo hice conscientemente. Yo empecé a tocar en Kumbia Queers cuando tenía 44 años. Otras personas, a los 44 años, quedan súper establecidas en su formación: “no me vengas con eso”. He escuchado un montón de personas así y de pronto estar con personas y decir “bueno, vamos a tocar esto” y “¿cómo se toca?”, “uh, mirá lo que dice”. Increíble haber tenido esa oportunidad. Y, finalmente, después de tantos años, haber llegado a la instancia de que desde el inicio todas no fuéramos varones, quisiéramos todas tener nuestro sello, hacer todo nosotras, era algo que venía buscando desde tiempos remotos y finalmente encontrarlo fue increíble. Es increíble, sigue siendo una de las cosas más valiosas de la vida de todas, está buenísimo. Y lo primero que nos sedujo fue que la gente se divirtiera y que no nos agrediera tocando. Basta de batallas campales y llorar después de los recitales. La gente al principio no bailaba porque no tocábamos bien, era una intención de tocar cumbia. La gente se reía. Para mí eso fue algo increíble. Yo en ninguna banda me reí hasta Kumbia Queers. En ninguna foto, ningún video. Mi actitud era otra. Fue increíble ver que puede haber otra forma. Mucha gente nos odió pero muchos amigues nuestros y gente que nos venía a ver se quedó y dijo “wow, este está buenísimo”. Y otros no, no nos querían matar. Estuvo bueno eso también, provocar un tipo de escándalo.
—En Chile está siempre la broma de que los que mejor bailan cumbias son los punkis, en los conciertos de Los Miserables se baila cumbia.
—Nosotras nos re hicimos en Chile. En 2008, 2009, 2010, todo el tiempo estábamos en Chile con Hija de la Perra. Y en Argentina en los recitales de los años 2000 y 2010, nosotros hemos ido a los recitales de Damas Gratis y eran mucho más rockeros que en los recitales de rock, era increíble. Era increíble la potencia, la energía, la gente cómo participa, la arenga. Es muchísimo más vivo. Y Chile nos dio muchísimo. Volvimos hace un par de meses después de muchos años. Tuvimos un reencuentro hermoso.
Próximas actividades de la editorial Alcohol & fotocopias

Fechas de conciertos de Kumbia Queers – Gira Europa:
- 6/9: Balboa
- 9/9: Valencia
- 10/9: Tarragona
- 11/9: Bilbao
- 12/9:. Vilaxoan de Arousa
- 15/9: Madrid
- 16/9: Barcelona