15/09/2026
El llanto es contagioso y la compañía también
Clara Vicentín Schulze
@claravicentinsch
Dirección: Laura Grandinetti. Dramaturgia: Lautaro Bakir, Valentina Posleman, Lisa Schachtel, Martina Vogelfang Actúan: Lisa Schachtel, Martina Vogelfang. Vestuario: Margarita Nogueira. Escenografía: Lucía Furman, Rafael Perelmuter. Iluminación: Leonardo Sagrista. Diseño de escenografía: Santiago Lopes. Música: Sebastián Schachtel. Diseño gráfico: Atrevido Estudio. Producción: Lautaro Bakir, Valentina Posleman. Funciones: Viernes a las 22:30 horas. Sala: Cultural Moran (Pedro Moran 2147, CABA). Entradas: Por Alternativa Teatral.
Romina y Marta son dos mujeres que cohabitan una casa de campo. Respectivamente, una actriz retirada, viuda, y una aprendiz de actuación que se acompañan en un vínculo entrañable. Yo lloré porque usted lloró nos hace repensar, como mujeres, las posibilidades de vida que tenemos en nuestro futuro, ¿qué otras vidas existen más allá de la formación tradicional de la familia? ¿cómo podemos envejecer? ¿cómo cuidarnos entre nosotras?
La idea de Marta es absorber el conocimiento necesario de Romina para marcharse a Buenos Aires y estudiar actuación en la academia de Valeria Lynch. Romina le enseña técnicas de la actuación. Recitan, vocalizan, repiten, miran cine y lo discuten juntas constantemente. Y así pasan sus días en una rutina inicialmente profesional y finalmente cariñosa. Marta la ayuda tanto en las tareas domésticas como en los ejercicios de actuación; asiste con la utilería en escenas y ayuda en el orden del hogar ocupando un rol fundamental: el de asistir, acompañar, completar los huecos donde la otra hace agua. Y, a cambio, Romina corrige la actuación de la joven, apunta y anota maneras de perfeccionar su métier.






El misterio que hace avanzar la historia es la desaparición de las cenizas del marido de Romina. Cuando Marta rompe el jarrón que las contiene y lo encuentra vacío se embarca en una epopeya con la funeraria para recuperarlas. Lo que descubre tiene bastante menos de épica y mucho más de ordinaria y común desilusión. Enfrentada a las partes más angulosas de la soledad y la vejez, Marta descubre que Romina es capaz de emplear las tretas necesarias para retenerla a su lado.
A lo largo y ancho del mundo las mujeres están buscando nuevas maneras de habitar el mundo en compañía de otras personas, a las cuales no necesariamente llamen familia. Desde las Golden Girls vemos experimentos de este tipo y hoy, en parte también por una necesidad económica de aliviar los costos de vida, se ven acrecentados. Son cada vez más las noticias que me aparecen en el feed sobre comunidades de mujeres que viven juntas en un departamento en la ciudad o en una casa de campo donde cosechan su comida. Los costos económicos y emocionales se fraccionan. Hay alguien ahí esperando a quien contarle un chisme o una anécdota, alguien que nos acompañe al médico. Son cada vez más las ficciones que tratan este tema, porque si bien en la juventud no llama la atención una chica con una roommate, no es lo más usual para mujeres mayores, como Jane Fonda y Lily Tomlin en Grace y Frankie. La convivencia femenina siempre estuvo ahí, como un amparo, pero aparece la idea consistente de que hay otros destinos para las mujeres mayores por fuera de una residencia para adultos y la vida matrimonial. La representación de este dúo es perfecta. “El llanto es contagioso” dice en una parte del bellísimo texto y, como el llanto, la compañía también.





