28/06/2026
Por Giovanna Cirianni
@giovigeraldina
En 2002, Paul Lockhart publicó “El lamento de un matemático”. Era un artículo de unas veinte páginas que comenzaba relatando cómo un músico se despierta transpirando tras una angustiante pesadilla: ante la creciente importancia del sonido en el mundo actual, se ha determinado la transversalidad de la educación musical en todas las escuelas.
Ante la urgencia de comenzar con estas clases, las autoridades educativas observan que los músicos profesionales utilizan diversos símbolos para registrar y compartir su trabajo: suelen escribir siempre unos garabatos que llaman “claves” (que aunque de forma curiosa, parecen ser muy importantes) y luego unos círculos más pequeños sobre cinco líneas paralelas que por tradición nombran en griego, el “pentagrama”. Los círculos pequeños a veces son blancos, a veces negros y están conectados por líneas. Se sabe a grandes rasgos que todo esto es fundamental para analizar las grandes obras musicales de occidente. Las autoridades concluyen que este lenguaje abstracto será la herramienta fundamental que los estudiantes deben adquirir para asegurar su competencia musical.
Así, se elaboran planes de estudio centrados en alcanzar objetivos según el nivel: resolver problemas de escalas cromáticas, memorizar el círculo de quintas o trasladar correctamente un sistema a distintas escalas. No hace falta escuchar una sola canción para todo esto, además de que la apreciación musical es engorrosa al momento de calificar. Tocar un instrumento o componer una melodía es algo que llegarán a hacer quienes se interesen verdaderamente por la materia. De más está decir que no serán muchos.
Lockhart cierra el primer apartado de su artículo de un modo provocador: “Las únicas personas que entienden qué es lo que está pasando son a las que se les suele echar la culpa, y a las que menos se escucha: los estudiantes. Ellos dicen «la clase de matemáticas es estúpida y aburrida», y es verdad.”
Teo López Puccio es una persona que conoce este fenómeno en profundidad (y no sólo por ser él mismo músico y matemático). Se volvió conocido como divulgador de matemáticas en redes sociales, sacando el mayor provecho posible del formato de video corto. Por un lado, se vale del elemento visual, conectándonos con la presencia concreta de las matemáticas en el mundo; pero también lo favorece la curiosidad que nos generan ciertos patrones y coincidencias que no podemos explicar fácilmente.
La intriga es el primer recurso de Teo para desarrollar un “espectáculo de divulgación entretenido, para todo público y medianamente rentable”. Nos acompaña la estética del policial, usando cada uno de sus elementos tradicionales para representar ideas interesantes: una linterna para hablar de secciones cónicas, una silueta forense que es un descubrimiento en sí misma, un corcho con hilos rojos para conectar a los implicados. Pero más que el misterio, la sospecha “¿Les digo algo sospechoso?” nos dice Teo, y automáticamente tiene nuestra atención.
Se requiere talento para hacer divulgación en redes sociales. El objetivo es retener a un usuario por un par de minutos, en los cuales es totalmente libre de mover el dedo para dejar de escucharte. Si bien la audiencia en la sala es un público cautivo, también espera ser entretenido durante 70 minutos contínuos. Teo lo tiene clarísimo y va a usar todos los recursos a su alcance para lograr darte una explicación satisfactoria sin que dejes de divertirte. Lo más lindo de este entramado narrativo es que los recursos son sutiles. En toda la obra hay un gran cuidado al detalle, a eso que a veces no podemos nombrar, pero que cambiaría negativamente nuestra experiencia si no estuviera.
La matemática ha sufrido su propio éxito. Tanto es así que el concepto de una obra de teatro unipersonal sobre la matemática y su historia puede sorprender al principio. Podríamos pensar que nada tienen que ver un actor y un matemático. Pero si recordamos un poco, sabemos que en la antigua Grecia, el desarrollo de la música y la matemática fueron de la mano. Y como escritores puede que nos vengan a la mente palabras que -con sus variaciones históricas- aparecen tanto en la literatura como en la geometría: parábola, elipse, hipérbola. Sospechoso.
Problema 1 es una obra de teatro y es un acto de militancia contra una fobia colectiva que lamentablemente no es infundada. Si alguna vez pensaste que la clase de matemáticas era estúpida y aburrida, probablemente lo era.
La matemática está en muchos lados, pero casi nunca en los planes de estudio, del mismo modo en que es difícil encontrar música en la partitura de una pieza que nunca has oído. Para poder encontrarla y revelarnos sus caprichos, Teo es nuestro mejor detective, pero sobre todo nuestro mejor concertista.